Algunos consejos para gastar menos en marzo

Los múltiples ítemes a pagar en marzo hacen que sea necesario buscar fórmulas para tratar de disminuir los gastos. Un experto detalla en qué fijarse para salir vivo de uno de los meses más temibles del año.

gastos marzoLlegó marzo. Comienza el año laboral y académico, y con ello se acumula una pila de gastos. La revisión técnica, las contribuciones, el permiso de circulación, la compra de útiles y uniformes escolares, el seguro obligatorio, el pago de las vacaciones, de cuotas atrasadas y un sinfín de otros elementos hacen que marzo sea uno de los meses más difíciles para el bolsillo.

Para aliviar el gran gasto que implica el tercer mes del año, es importante comparar precios y estar atentos a cualquier variación. Y es que tal como año a año lo informa el Servicio Nacional del Consumidor (Sernac), un producto escolar puede costar más del doble dependiendo de dónde se compre. De hecho, en el último estudio de precios de uniformes y útiles escolares, el Sernac detectó diferencias de hasta un 240% en el precio de algunas prendas escolares.

Para enfrentar de mejor manera estos ineludibles gastos, un experto entrega simples pero importantes consejos a seguir.

“Es clave informarse respecto de los precios, pues existen diferencias sustantivas, tal como lo indican los estudios del Sernac. Busque aquellos lugares más económicos como los outlet y trate de comprar al contado para obtener estos precios bajos. Si va a usar la tarjeta de crédito, privilegie las tres cuotas precio contado”, indica el académico de Ingeniería Comercial de la Universidad del Pacífico, Tomás Burgos.

Otra recomendación es tratar de reducir la compra de útiles y/o uniformes lo más que se pueda. La regla de reutilizar libros o prendas del hermano mayor puede evitar importantes gastos adicionales. “Adquiera sólo lo necesario. Por ejemplo, si la chaqueta del año pasado todavía está en buen estado, no compre otra, aunque esto a veces es difícil pues los niños van creciendo. Respecto a los útiles escolares, prefiera textos usados que tienen un precio bastante menor al de uno nuevo. Muchos colegios organizan ferias, lo que le servirá para el bolsillo y para inculcar valores en sus hijos como la austeridad, el ahorro y el saber compartir”, comenta el ingeniero comercial.

Uno de los ítemes más difíciles de manejar son los gastos fijos, como el pago de contribuciones y el permiso de circulación. “En esto no es mucho lo que se puede ahorrar, porque generalmente son costos fijos, salvo en casos en que esté la posibilidad de pagar la mitad de la cuota en marzo y la otra en agosto”, señala el experto.

En marzo también suelen aparecer las cuotas atrasadas o las primeras de las vacaciones. El académico de la Universidad del Pacífico recuerda que es necesario tenerlas presentes y contabilizarlas en el gasto del mes. “Por lo mismo, tampoco es bueno pagar en más de 12 cuotas, porque la última cuota de este año se sumará a la primera de marzo del año siguiente”, precisa.

Si las deudas ya son un hecho, refinanciar todo en un solo crédito puede ser una buena opción. “Es importante que se comparen ingresos con gastos, de tal manera de poder refinanciar a una tasa adecuada esos desfases en función del excedente líquido mensual”, concluye Tomás Burgos, académico de Ingeniería Comercial de la Universidad del Pacífico.

En resumen:

  • Compare precios antes de comprar.
  • Prefiera lugares más económicos como los outlet.
  • En lo posible, pague siempre al contado.
  • Si paga con tarjeta de crédito, privilegie las tres cuotas precio contado.
  • Recicle libros y prendas.
  • Pague el permiso de circulación en dos cuotas.
  • Nunca pague en más de 12 cuotas, porque agregará un problema más al año siguiente.
  • Refinancie todas sus deudas en un solo crédito, de modo de ordenar los pagos y disminuir los intereses.

Un helado puede aportar más de 700 calorías

Un buen helado es lo más apetecido del verano. Con las altas temperaturas, el barquillo se convierte en el alimento estrella, más aún cuando se piensa que ‘es pura agua’ y que no engorda. Pero, ¿sabemos realmente cuántas calorías aporta un helado?

helados calorías“Una bolita de helado de agua usualmente aporta un promedio de 85 calorías y una de helado de crema 130. Sin embargo, hay que considerar que el tamaño de la porción cambia dependiendo de quién lo sirva, así que fácilmente puede tener el doble de calorías”, asegura la docente de Nutrición y Dietética de la Universidad del Pacífico, Stefanie Chalmers.

Frecuentemente las heladerías ofrecen añadir otros elementos a la porción de helado, lo que aumenta el total de calorías. “La adición de crema, salsas de chocolate, manjar, caramelo y chips puede valorarse calóricamente en un rango que va entre 60 calorías extra (porción de chips) a unas 200 (combinación de salsas)El barquillo, dependiendo del tipo y tamaño, puede aportar otras 60 calorías”, ejemplifica la nutricionista.

Con todos estos “extras” agregados a un gran helado de crema que comúnmente se comercializa en Chile, la tabla final de calorías aumenta exponencialmente. “Un mal helado puede ser un elemento tóxico para el organismo y aportar, en azúcares y grasas, unas 700 calorías. Esto sin mencionar las porciones extra grandes, donde podríamos fácilmente duplicar dicho valor calórico”, asegura la docente de la U. del Pacífico.

Hoy en día existe una gran variedad de helados artesanales y dietéticos que prometen ser más saludables. “En muchos casos los helados diet son útiles, ya que hay algunos que tienen la mitad de las calorías que su similar ‘no diet’. Sin embargo, no se debe confiar sólo en la palabra ‘diet’, sino que siempre es necesario revisar la etiqueta y verificar la diferencia calórica. Se puede dar el caso que, aunque sean bajos en grasa, pueden tener dosis elevadas de azúcar”, advierte Chalmers.

También hay diferencias entre los helados naturales, de leche y de yogurt. “Si el helado es natural de fruta, aportará todos los nutrientes que aporta la fruta escogida. En tanto, si es de leche, aportará proteínas y usualmente grasa, ya que lo común es que se utilice crema en su elaboración. También existen helados a base de yogurt con fruta, que serían una excelente combinación, en caso de estar seguros de la elección de un yogurt descremado y de la ausencia de cremas añadidas”, recalca la especialista.

Es importante tomar en cuenta que de nada sirve preferir helado artesanal si se combina con otros ingredientes altamente calóricos, como cremas y salsas. “Los helados artesanales suelen ser bastante naturales y, por tanto, son una excelente alternativa para aumentar la ingesta de fruta, pero su beneficio será opacado si por cada bolita de helado se añaden dos de crema”, finaliza la docente de Nutrición y Dietética de la Universidad del Pacífico, Stefanie Chalmers.

 

Las mejores medidas de seguridad para piscinas

Una niña de cuatro falleció tras caer a una piscina al interior de una vivienda en Ñuñoa, mientras acompañaba a su madre en el trabajo, quien se desempeña como asesora del hogar. En un momento de descuido, cuando la mujer realizaba los quehaceres domésticos, la pequeña salió al patio y cayó a la piscina.

peligros piscinaSegún datos entregados por la PDI, en Chile entre los años 2006 y 2013 el porcentaje de fallecidos por inmersión o ahogamiento correspondió al 7% del total de muertes, con un total de 790 casos, siendo ésta la cuarta causa de muerte en el mundo y la primera en hombres entre los 5 y 14 años.

Con la llegada del calor y la temporada de piscinas, es importante saber qué hacer para minimizar, e idealmente eliminar, los riesgos de accidentes en piscinas que, lamentablemente por sus características, la mayoría de las veces puede ser mortal.

Para el Jefe de la Carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos de la Universidad del Pacífico, Patrick Sepúlveda, lo primero que hay que tener claro es que “los accidentes no se deben a la mala suerte ni a la casualidad, sino a la causalidad, ya que todo accidente posee uno o más errores que generan un incidente”, explica.

En segundo lugar, Sepúlveda señala que los accidentes siempre son prevenibles, sin embargo, “la seguridad total de una medida o producto no existe; esto significa que una medida de seguridad no reemplaza a otra, sino que deben sumarse”, aclara.

Partiendo de esa base, el especialista destaca que la mejor medida de prevención en piscinas es siempre la supervisión permanente por parte de un adulto, como acto vital. “La responsabilidad sobre la seguridad de un niño pequeño no es del menor, será siempre de los adultos. Ésta es la mejor medida a la hora de evitar un accidente, ya que en caso de un problema el adulto puede auxiliarlo de inmediato. La desventaja está dada por el hecho de que el adulto no puede realizar otra actividad”, comenta.

Patrick Sepúlveda plantea que la vigilancia debe ser mayor en reuniones sociales, cuando hay grupos de niños bañándose o jugando cerca de la piscina. “En estos casos puede requerirse a un segundo adulto para mantener el contacto visual constante sobre los niños en el área de piscina”, alerta.

En ese sentido, las recomendaciones del docente de la Universidad del Pacífico son claras: “No asuma que alguien más está mirando a un niño; nunca deje a un niño en la piscina sin un adulto y no considere que las clases de natación protegerán a su hijo de ahogarse”, precisa.

Alternativas del mercado 

Como medidas complementarias para prevenir accidentes en piscinas, actualmente existen en el mercado distintas herramientas para aumentar la seguridad, las cuales son analizadas por el experto en prevención de riesgos de la Universidad del Pacífico:

  1. Flotadores y alitas:Existe en el mercado un amplio surtido de flotadores, pero se debe recordar que estos son juguetes, que en algunos casos pueden servir como apoyo para aprender a nadar, pero en ningún caso son un medio para resguardar la vida de un niño por sí solos. Siempre se deben usar en compañía de un adulto.
  1. Chaleco salvavidas: El chaleco salvavidas debe ser de un material adecuado, entendiéndose por ello que sea un chaleco de nailon, relleno de espuma de polietileno y con sujetadores de metal o plástico. Sin embargo, siempre requerirá de la supervisión de un adulto responsable.
  1. Rejas o cercas perimetrales: Estas deben ser de al menos 80 cm. de altura y deben contar con una separación entre barrotes no mayor a 12 cms. para que no quepa la cabeza de un niño. Adicionalmente, deben tener un buen seguro en la parte superior de la puerta de acceso e idealmente cierre automático. Sin embargo, tampoco es cien por ciento infalible, pues el niño puede encontrar la manera de traspasarla o en un descuido puede que un adulto no deje bien cerrada la puerta.
  1. Alarmas de inmersión: Este tipo de alarmas funciona detectando las ondas que se producen en el agua cuando se sumerge un objeto mayor a cierta cantidad de peso, idealmente sobre 6 kilos. En ese momento se activa una alarma, la cual puede estar en la piscinay otras más avanzadas dentro de la casa. La desventaja de este tipo de medida de seguridad es la verificación de la mantención preventiva del aparato.
  1. Brazaletes de seguridad:Estos brazaletes especiales se ponen en la muñeca de los niños y activan una alarma cuando se sumergen. El problema es que pueden ser incómodos para los niños, quienes pueden tratar de sacárselos, lo que se suma a la necesidad de mantención preventiva del aparato.

Adiós a la once

Una “once” puede llegar a aportar 1.200 calorías, acumulando una gran reserva de energía que no es utilizada por la hora en que se consume. Experta explica por qué este hábito de los chilenos es dañino para la salud.

once comidaSentarse a “tomar once” es un clásico de toda familia chilena. Ya está tan arraigada en la cultura nacional, que está al mismo estatus que otros horarios de comida, como el desayuno y el almuerzo. Incluso, en algunas zonas del país, ya le está quitando el lugar a la cena, transformándose en la popular “once-comida” u “once-cena”.

La once se acostumbra a tomar entre las 17:00 y las 19:00 horassirviéndose café o té, incluso muchas veces acompañada de la infaltable bebida gaseosa y pan —habitualmente marraqueta, llamada también ‘pan batido’ o ‘pan francés’; o de hallulla— con huevos, jamón, manjar, mantequilla, margarina, mermelada, palta, paté, queso o tomate. Ahora, si se quiere hacer una ‘once completa’, se pueden incluir berlines, calzones rotos, dulces chilenos, galletas, helados, jugo, kuchen, panqueques, picarones, roscas, sopaipillas, tortillas de rescoldo o torta. Si se toma once en un restaurante, el pan puede ser un sándwich elaborado, como un Barros Jarpa, un Barros Luco, un chacarero o un lomito”, describe la docente de Nutrición y Dietética de la Universidad del Pacífico, Claudia Narbona.  

Con toda esa variedad, la especialista advierte que la once implica una alta ingesta de calorías. “Al principio la once era normalmente un vaso de leche y medio pan con algún acompañamiento, pero ahora ha pasado a constituir una gran reserva de calorías. Esta tradicional once nos está aportando entre 1000 a 1200 calorías, dependiendo de lo que comamos y cuánto comamos, pero en promedio se encuentra dentro de este rango. Si se considera el aporte energético adecuado y su distribución entre las comidas que realizamos al día, la once debería aportar sólo de 200 a 300 kcal, lo que dista bastante de lo que consumimos hoy”, asegura la ingeniera en alimentos.

Lo anterior, se agrava por la hora en que se toma la once. “Todo lo que consumimos en forma adicional en una buena y contundente once son calorías que no alcanzamos a gastar, ya que hoy la nueva modalidad es llegar a la casa, comer rápidamente un pan o más con diversos agregados, acompañado de una bebida gaseosa, té o café y un pastelito dulce para completarla. Luego de que se traga la once, cada uno se retira inmediatamente hacia su pieza u otro lugar de la casa, a ver televisión o al computador y, en el caso de los niños, a los juegos electrónicos, por lo cual todo va quedando como reserva en el organismo”, alerta Narbona.

Según la Encuesta Nacional de Consumo Alimentario realizada en 2010, los chilenos consumimos alimentos hasta en siete momentos durante el día: desayuno, almuerzo, once, cena y tres colaciones (mañana, tarde y noche). Además, un 80,2% de los chilenos asegura que sí “toman once”, siendo las mujeres las que reportan mayor frecuencia de consumo.

Además, en la zona central generalmente las familias han unido la ‘once’ con la ‘comida’ o ‘cena’, lo que ha dado paso al término “once-cena” u “once-comida”. 

“Esto se debe al ritmo de la vida moderna, que ha ido modificando esta costumbre e incluso eliminándola, como es el caso de algunas partes de Santiago. La extensión de las horas de trabajo ha provocado, a veces, que la última comida del día sea una once abundante que sustituye la cena. Esta nueva modalidad de comida no nos ayuda, considerando que nuestro organismo necesita que comamos cada tres horas y que nuestras calorías diarias no superen las 2000 kcal”, asegura la académica.

Por ello, docente de Nutrición y Dietética de la Universidad del Pacífico asegura que se debe reemplazar la tradicional once u “hora del té” por la ingesta de alimentos más livianos. La once como tal se debe reemplazar por una colación liviana, compuesta de cereales, fruta, yogurt, pan integral, palta, quesillo, jamón de pavo, jugos de fruta, té o café, de modo que podamos saciar nuestra hambre en el horario que corresponde, de modo que el aporte de calorías sea el adecuado a la comida que estamos realizando”, concluye Claudia Narbona.

NiNis en Chile: el preocupante futuro de nuestros jóvenes

Prácticamente uno de cada cinco jóvenes chilenos Ni estudian, Ni trabajan. Ése es el significado de NiNis, una palabra que hace referencia a un fenómeno mundial del cual Chile no es ajeno y que se asocia principalmente a una generación de jóvenes de entre 14 y 24 años. ¿Cuáles son los factores que inciden en esta situación? 

generación niniEl reciente informe “Panoramas de la Sociedad 2016” elaborado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), posiciona a Chile en el sexto lugar con la mayor cantidad de NINIS en el mundo, alcanzando un 19%, superado sólo por países como Turquía, Italia, Grecia, España y México.

“El concepto de NINI, acuñado por el psicólogo Alejandro Schujman, inicialmente es entendido como aquellos jóvenes de entre 14 y 29 años que ni estudian ni trabajan, lo que se ha denominado Generación NINI, por tratarse de jóvenes sin proyecto y sin definición respecto de su vida, situación que dificulta su acceso al mundo adulto”, comenta la docente de la Escuela de Trabajo Social y del Magister Familia, Infancia y Adolescencia de la Universidad del Pacífico, Susana Arancibia.

Para la trabajadora social, si bien la adolescencia se caracteriza por constituirse en un período lleno de ambivalencias y obstáculos, donde se exige una elección vocacional y laboral, y su concomitante miedo al fracaso, la mayoría de ellos avanza hacia la adultez. “Los jóvenes generan diversas estrategias que les permiten asumir un rol apropiado a la sociedad en que viven. Sin embargo, existe un grupo de adolescentes que frente a este escenario enfrentan dificultades complejas de resolver”, señala.

En Chile, según las cifras de la Encuesta Nacional de la Juventud aplicada el 2012, la población de jóvenes NINI alcanza un 11%, porcentaje equivalente a casi 750 mil jóvenes, de los cuales el 87% corresponde a mujeres y sólo el 13% a varones. “En Chile es similar a otros países de América Latina. El perfil tiende a ser jóvenes que pertenecen prioritariamente (57%) al estrato socio económico bajo (D-E), mujeres que habitualmente no terminan su enseñanza media, viven en hogares pobres o vulnerables, proceden prioritariamente del área urbana y se han convertido tempranamente en madres”, ejemplifica la especialista.

Susana Arancibia plantea que en la actualidad se identifican cinco factores que llevan a conformar la generación NiNi. El primero, sin lugar a dudas, es la familia. “Se constituye en el foco principal para evitar que la generación NiNi siga expandiéndose. Habitualmente, los jóvenes provienen de familias precarias a nivel socioeconómico y en el ámbito relacional, siendo reconocidas en ocasiones como familias multiproblemáticas, donde el ejercicio del rol parental en alguna de sus áreas ha sido deficiente”, precisa.

Otro de los indicadores más determinantes en la existencia del fenómeno NiNi es la deserción escolar. “Parte importante de los adolescentes dejan tempranamente la escuela, habitualmente movidos por la necesidad de conseguir dinero a través del trabajo. Sin embargo, la falta de educación y de calificación especializada disminuye sustancialmente las posibilidades de conseguir tal objetivo, transformándose en un espiral que los entrampa, sin posibilidad de crear nuevas alternativas. Tal situación afecta además la autoestima de los adolescentes, quienes terminan por asumir una conducta de inmovilidad y víctima, percepción que no logran superar. En tal sentido, las escuelas tienen un rol fundamental en la motivación y retención de sus estudiantes al interior de las aulas”, afirma la docente de Trabajo Social de la U. del Pacífico.

Un tercer factor es el desempleo o falta de oportunidades laborales. “La falta de calificación tempranamente se transforma en un escollo difícil de superar. El joven comienza a vivir el desempleo como un estado habitual y si bien en un primer momento existe la búsqueda de trabajo, prontamente aparece la desesperanza aprendida, pues desde su lógica no tiene sentido buscar empleo, cuyos requisitos hacen mención a determinados estudios o años de experiencia; criterios que no logra cumplir”, puntualiza la experta en Familia, infancia y adolescencia.

A lo anterior se suma la desigualdad de oportunidades. “La mayor parte de estos jóvenes pertenecen a sectores económicos vulnerables, pero al mismo surge con fuerza la variable de género, donde la mujer tiene menor posibilidad de emprender, sea porque se embaraza precozmente, porque se dedica al cuidado y crianza de los hijos y hermanos, realiza labores domésticas al interior de su hogar, entre otras. Todos, factores se coluden para que potenciar la exclusión social”, indica Susana Arancibia.

Por último, está la convicción. “Existe un grupo reducido en Chile, alrededor del 4% de jóvenes que provienen de familias acaudaladas, quienes perciben tener sus necesidades actuales y futuras satisfechas y resguardadas, motivo por el cual no se interesan, al menos en la etapa juvenil, por buscar una definición a sus vidas”, explica la especialista.

Las principales consecuencias asociadas al fenómeno NiNis

Frente a este complejo escenario, se detectan efectos preocupantes, por lo cual resulta urgente preocuparse y efectivamente ocuparse de estos jóvenes. Una de las consecuencias más relevantes es que contribuye a la transmisión intergeneracional de la desigualdad y pobreza.

“Si bien la mayoría de estos jóvenes proviene de hogares vulnerables, no se observan aspectos que promuevan un cambio positivo. Por el contrario, se observa la tendencia a un empobrecimiento mayor, dada la falta de oportunidades, no solo laborales, sino en todos los ámbitos del desarrollo humano”, explica la docente de Trabajo Social de la Universidad del Pacífico, Susana Arancibia.

Por otra parte, en algunos contextos se asocian cada vez más a la delincuencia, incrementando los niveles de violencia. “Aunque en Chile en el último tiempo ha disminuido el nivel de victimización (encuesta ENUSC, 2014), ha aumentado significativamente cierto tipo de delitos, principalmente aquellos asociados a robo. Lo más relevante de tal situación es que la edad de los perpetradores tiende a ubicarse entre los jóvenes adolescentes que efectivamente han desertado tempranamente del sistema escolar y no logran insertarse laboralmente. Esta no es una realidad que implique a todos los NiNiS, sin embargo se constituye en un riesgo inminente, del cual la sociedad toda debe hacerse cargo”, advierte Arancibia.

Para la trabajadora social se hace urgente enfrentar este fenómeno a nivel de política pública. “No asumir esta realidad significa no generar capital humano necesario para potenciar en el futuro mejores condiciones económicas y mejor calidad de vida. Si bien para la OIT potenciar a estos jóvenes genera costos económicos y sociales significativos, tanto para la empresa privada como para el Estado, no hacerlo promueve la desigualdad, la disconformidad y en el mediano plazo el conflicto social. Por tanto, es urgente tomar conciencia de tal situación para elaborar políticas públicas orientadas a potenciar en los jóvenes un desarrollo integral, que permita la inclusión social, empleo productivo y decente. En definitiva, que promueva la calidad de vida, entendida como el bienestar físico, psíquico, social y material de todos quienes habitamos en la región”, concluye la especialista de la Universidad del Pacífico.

Ser optimista asegura una mejor salud

Diversos estudios indican que las personas optimistas se enferman menos, se mejoran más rápido, siguen mejor los tratamientos médicos y tienen mejores defensas.

positivismo en la vidaEs un hecho: el optimismo es un factor protector de la salud. “Las investigaciones han reportado asociaciones positivas entre optimismo e indicadores físicos y mentales, tales como depresión, cáncer y problemas cardiovasculares”, afirmó la psicóloga Patricia Zúñiga durante la “Segunda Jornada de Dolor Crónico no Oncológico Lumbar” organizada por la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico en conjunto con la Unidad del Dolor Crónico de la Clínica Kennedy.

La profesional, que realizó la charla ´Optimismo Disposicional: Factor Protector en Salud´, dijo que mucho de lo que se estudia en psicología se relaciona a lo que aqueja y afecta a las personas, pero muy poco sobre aquellos factores protectores o recursos personales que permiten hacer enfrente de mejor forma un proceso, una enfermedad e, incluso, el dolor crónico. “Hay muchas investigaciones al respecto sobre los factores protectores y uno de los principales que se relevan es el optimismo”, insistió.

Hay dos grandes áreas que han estudiado sobre el optimismo. “Tenemos a la psicología de la salud, cuyos estudios comenzaron precisamente con los pacientes con enfermedades como el cáncer o VIH. Y la psicología positiva, la cual define la conducta optimista como la propensión a ver y a juzgar las cosas desde los aspectos más favorables. Estos mismos autores lo definirán como una variable o conjunto más o menos estable de expectativas positivas y generalizadas sobre la probabilidad de ocurrencia de acontecimientos positivos”, explicó Zúñiga.

Esta mirada plantea que “los recursos personales como el optimismo sí ayudan a que las personas tengan un mejor estado de salud y salgan rápido de las enfermedades y, sobre todo, es una forma de explicar las respuestas de afrontamiento ante situaciones o eventos negativas”, afirmó.

Así, una persona optimista explicará los malos sucesos como una causa externa. “Es decir las cosas vienen desde fuera y no desde ellos. Es inestable en el tiempo, por lo que se piensa que no siempre le ocurrirán cosas malas, y es específico en el ámbito concreto: ´hoy día me fue mal en una prueba, pero eso no significa que mi vida sea mala en general´”, ejemplificó la profesional.

Una clara diferencia frente a lo que pasa con los estilos pesimistas. “Estas personas explican los malos sucesos como eventos negativos que ocurren en la vida cotidiana, con una causa interna a uno mismo, que es estable en el tiempo y con un efecto en todos los ámbitos de la vida, lo que significa que, generalmente, este tipo de personas tenderán a pensar que todo en la vida siempre les saldrá mal”, puntualizó.

No al pesimismo

En la “Segunda Jornada de Dolor Crónico no Oncológico Lumbar” de la U. del Pacífico, la psicóloga Patricia Zúñiga planteó que lo más relevante es que los estilos optimistas se relacionan a personas con mejor salud. “Pueden afrontar de mejor manera los sucesos y eventos negativos y tienen mayor recuperación de los mismos, adhiriéndose de mejor manera a los tratamientos e, incluso, tienen un mejor sistema inmune. Es interesante, especialmente si estamos trabajando en psicología de la salud”, acotó.

Pero, ¿qué es ser optimista? “Coloquialmente, podríamos decir que es mirar siempre el vaso medio lleno. Así, este modelo asume que cuando surgen dificultades las expectativas favorables incrementan los esfuerzos de las personas por alcanzar sus objetivos. Entonces podríamos decir que el optimismo se asocia negativamente con el informe de signos de malestar físico, porque las personas optimistas reportan menos síntomas, tienen una recuperación más rápida y tienen menos angustia frente a los diagnósticos. Y siempre esperan mejor y mayor información”, precisó Zúñiga.

Por lo tanto, en el ámbito de la salud el optimismo, se ha asociado con el ámbito de la motivación, de la salud y el afrontamiento al cáncer. “Existe una relación positiva entre optimismo disposicional y estrategias de afrontamiento más activas, que significa el hacer algo para yo poder salir de ese proceso que estoy enfrentando”, explicó la especialista.

De este modo, citando a autores como Taylor, con larga data en estudio de pacientes con cáncer, la psicóloga afirmó que los recursos personales como el optimismo o la autoestima positiva funcionan como factores protectores frente a la salud, contribuyen a afrontar activamente la enfermedad y minimizan los aspectos psicológicos negativos. “Ellos hablan de la ilusión de control. Generalmente las pacientes señalaban que si seguían la dieta y tenían confianza en su médico, saldrían más rápido del proceso y se mejorarían”, finalizó la psicóloga Patricia Zúñiga durante la “Segunda Jornada de Dolor Crónico no Oncológico Lumbar” organizada por la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico en conjunto con la Unidad del Dolor Crónico de la Clínica Kennedy.