Aprender a conocerse a si misma

¿Se han dado cuenta que la maternidad abre un portal extraño hacia otras dimensiones? Una de esas dimensiones es conocerse a una misma. Rara la cuestión, rarísima.

Mangel

Pero también hay gente que no quiere hacer ese proceso extraño, de mirarse frente al espejo y verse los defectos, esas cosas que en serio a nadie le gusta ver. Es como cuando te despertaste con una mega espinilla en la frente y en serio no se puede disimular con nada. 

Hubo una vez en que yo creí que me conocía, en serio, porque sabía que era lo que quería en la vida, pero luego, al correr el tiempo, me di cuenta que conocerse es más que “saber lo que quieres”, es también saber lo que no quieres, lo que estás dispuesta a permitir como también conocer tus defectos y virtudes. Saber donde estás parada en el mundo y por qué quieres las cosas que quieres.

Conocerse a una misma es un proceso interno, difícil, que muchas veces pasas cosas pencas, penas atrapadas en el corazón, muchas otras matas ilusiones que creaste en tu infancia, como también aprendes a conocer que los sueños también los puedes hacer realidad. 

¿Por qué es difícil conocerse a una misma?

Porque básicamente toda la vida nos han bombardeado con publicidad que nos pide ser perfectas, cuando hay mamás que les dicen a las niñas que están bien o mal vestidas según sus propios tabúes, porque a las niñas nos minan la autoestima desde que somos pequeñas diciéndonos qué hacer, qué no hacer y por supuesto el más claro ejemplo: “eso es para niñitos”. 

Creo que a nadie le gusta darse el tiempo de conocerse a si mismo, porque eso significa que tienes que estar sola, porque tienes que darte el tiempo de compartir con tu mente y tus pensamientos, hacer un alto en esta ciudad de caos permanente para aprender qué es lo que te gusta. 

Hoy vi una película en Netflix, Nappily Ever After, en resumidas cuentas, habla de una mujer que la mamá le minó su autoestima por sus propios prejuicios respecto al cabello rizado -mujer afro = cabello rizado hay que avergonzarse- entonces, ella… perfecta, sublime y hermosa, lo único que quería era casarse con su pareja, médico, perfecto y todo ese blah blah, porque ella se había convertido en lo que él quería.  

Ella, después de que el médico-perfecto-guachón le regalara un perro en vez del FAMOSO ANILLO, pasa por distintas etapas intentando encontrar la falla, al punto que en un momento de crisis, se rapa absolutamente su cabeza. 

Vivimos en la sociedad de la inconsciencia.

¿Cómo podemos ser mejores papás y mamás si no nos conocemos? ¿Si no conocemos nuestros límites, nuestros gustos? ¿si nos dejamos llevar por lo que dicen los demás y no nuestros instintos? ¿si le ponemos más cabeza que corazón? 

Abrirme a este proceso de conocer a esa María de los Ángeles es doloroso, es cruel, es triste, pero a la vez es alegre, es increíble y es maravilloso, porque en serio he aprendido más de la vida en este período que en todo el resto.  Los momentos dolorosos, en que aprendes que esas cosas que en serio creías que no te habían hecho daño te hicieron daño, se van transformando en descubrimiento que te trae alegría, te trae sabiduría para tu día a día, porque ya no estás sola, estás contigo misma.

Obvio… ¿cómo seré buena amiga si no sé qué es lo que puedo dar en una relación de amistad? ¿cómo seré buena pareja si no sé lo que me molesta de mi misma o lo que estoy dispuesta a ceder o a no ceder? Quizás son preguntas extrañas, pero no quiero vivir pensando que no me di el tiempo para saber quién soy, quién es la persona que habita este cuerpo, quién es el alma que hace que mi cuerpo se mueva todos los días y que disfrute cada día que Dios me da. 

La vida es una locura… y por eso mismo, aprovéchala, porque -creo que lo leí por ahí- no hay nada más loco que conocerse a uno mismo. 

#Maternidad Darse el tiempo para una

–Este post lo escribí hace harto tiempo, por cosas del destino no lo había podido publicar, pero pucha que me quedó bueno–

darse el tiempo para una misma
Mirarse al espejo es necesario y sentirse linda aún más

Son las 1 de la mañana y llevo tres cafés encima, los sábados es día de aseo y ornato en este hogar compuesto por dos niñas que no conocen el arte de ordenar o mejor dicho jugar y luego ordenar -a pesar de que todos los días hacemos el noble ejercicio de ayudarlas a ordenar lo que estén utilizando-. Aún queda una carga de ropa en la lavadora que debo colgar si o si, porque todas sabemos qué pasa cuando la ropa queda eternamente en la lavadora.

Hoy Olivia se comportó como una niña de un año ocho, dio vuelta un yogurt. Sofía jugó a hacer sus manualidades mientras veía películas de Vampiros para niños (si, hay un “estilo” de películas para niños muy curioso enfocados a los vampiros), hice las camas. No, no pregunten por Feña, está de turno de noche y mañana Domingo también tiene turno, y las cosas no se hacen solas en casa.

Mientras intento escribir acá, también veo una serie que me encanta y que me ayuda a pensar en las cosas que quiero hacer en el corto plazo. Call The Midwife se llama la serie que veo, está en Netflix.

Este es el momento en que aprovecho de “estar sola”. De sentirme haciendo algo para mi y por mi.

Hace un par de semanas fui a Oleo Spa ya que me regalaron un masaje delicioso a mi gusto. Tomé uno relajante porque desgraciadamente había pasado un mal día, llevaba una mala semana. Justo esa semana tuve una crisis de fibromialgia que me llevó a llorar de dolor.

Después del masaje me sentí tan genial, tan relajada, que incluso me subí al metro en hora punta, toda la gente alegando y yo seguía en modo zen. Un par de personas me empujaron y yo seguía demasiado zen. Es increíble como algunas cosas nos pueden ayudar a andar más tranquilas a pesar de que todo el exterior esté patas para arriba.

También retomé mis clases de Zumba en BáilaloA los creativos de Báilalo se les ocurrió poner una clase de zumba al mismo tiempo que las clases de ballet de las niñas y debo decir que fue el mejor invento. En vez de esperar sentada y mirando el techo o el celular ahora bailo.

A pesar de que de verdad no me gusta mucho zumba, así por la música -hoy hablaba eso con el profe- ya que es demasiado reggeton-mamita-hasta-abajo-perreo-intenso trato de abstraerme de sus letras sexistas y me dedico a mejorar mi coordinación.

Debo confesar que mi coordinación ha sido un real asco desde que fui mamá. No me había dado cuenta de que me convertí en dos pies izquierdos. Si, así mismo. Antes era una pirinola y bailo lo que me pongan en frente y con quién me pongan en frente, pero gracias a zumba volví a tener ritmo.

También desde John Frieda me enviaron un shampoo para el frizz y una crema para uso diario y debo confesar también que ¡WEÓN HACE TANTO TIEMPO QUE MI PELO NO SE SENTÍA TAN BACÁN! Cómo diablos nos “dejamos estar tanto”.

Sin contar que llegó la temporada de piernas al aire y es justo y necesario pasar del Hawaiian-Closet al Hawaiian Tropic. Así que aproveché el autobronceante de Jergens y le puse algo de color a mis piernas.

Y la parte más importante: La Ropa.

Siempre las mamás tenemos moño de mamá y ropa de mamá. Y lo más lamentable es que la ropa de mamá siempre está en modo mamá: manchas, mocos, manitos sucias, tierra, harina, comida y cualquier cosa que sea potencialmente una mancha.

Desde que me di cuenta que no tenía “ropa decente” dispuse un MEGA presupuesto mensual para comprarme cachibaches. $10.000.- todos los meses me gasto en ropa. Voy a Forever 21, H&M o la tienda que esté en liquidación más cercana y me compro esa blusa que me gusta o un pantalón hasta un vestido si la ocasión lo amerita.

Si me paso, ya no me importa, pero he dejado de lado la angustia de dejar de comprarme cosas o ir a comprarme cosas y terminar con ropa para las niñas y no para mi. 

Es increíble lo que hace disponer se tiempo para una misma.

No se trata de dejar a la familia tirada o gastarse lo que no se tiene, se trata de disfrutar una hora, 10 lucas o un tiempo para una misma.

Pensar en una misma para estar feliz y que el resto también sienta tu felicidad.