¿Por qué no van ustedes a ver al recién nacido?

Estoy indignada. Si, indignada de algo que acabo de ver en redes sociales y que más encima, atañe a una amiga.

Dando Pecho a Olivia recién nacidaTengo una gran amiga que acaba de tener a su guagua hace un tiempo. Reconozco que no hemos ido a verla porque nos tocó invierno el invierno y las enfermedades corrieron a perseguirnos, ¡vamos! Ninguna mamá en “su mediano sano juicio” iría a ver a un recién nacido con todas sus crías enfermas. Es dedo y medio de frente.

Entonces una lo que hace es llamar, escribir por Facebook, ponerle me gusta a todas sus fotos, tener mil quinientas excusas para decir que de verdad es por su seguridad. Yo ya he aprendido que termino conociendo a los bebés de “las amigas” pasado los 6 meses, incluso hasta el año. Soy vector de enfermedades y por respeto a sus bebés no voy.

Ahora bien, en las fotos siempre una dice: “pronto te iré a ver” “pronto te llevo el regalo” “cuida a tu bebé” y todas esas cosas, que en serio se dicen porque sabes que no puedes ir, pero nunca vas de rompe y raja a decirle “debes traerme a ese bebé a mi casa para conocerlo”.

¡NO, NO Y NO!

A menos que tengas una enfermedad invalidante, estés en silla de rueda, seas una persona postrada, tercera edad, etc… pero no le dices a tu amiga recién parida que debe ir mostrarte a su hijo: ¡ES TU RESPONSABILIDAD QUERER VERLO!

El puerperio es un momento muy fuerte en las mujeres, ya que estamos en pleno cambio hormonal, físico, emocional, estás comenzando una nueva etapa en tu vida que requiere que una tribu te apoye en este momento, que esté pendiente de hablarte banalidades cuando lo necesites o también ayudarte con ideas para que te sientas mejor después del parto o cesárea.

Una tribu que te lleve chocolate, un té rico, comida que puedas no cocinar en un día, ir a ayudarte a doblar ropa, lavar ropa si lo necesitas, acompañarte a ver una película, tomar a tu hijo mientras te vas a bañar o mudarlo, no sé… un montón de cosas que las mamás necesitamos EN SERIO. 

Pero no vas de rompe y raja a pedir que te muestren a un bebé que no es tuyo, pedirle a una mamá que ha tenido un parto hace poco, que está intentando aprender a dar pecho, que está aprendiendo a conocer a su hijo que salga de su hogar para que le vayan a mimar al crío.

¡NO, NO Y NO!

Si estás viviendo eso, amiga, dilo, di que no, que puedes abrir las puertas de tu casa si alguien quiere conocer a tu hijo o hija tiene que mover su trasero de su casa e ir, llevarte un regalo y regalonearte como lo mereces.

Y si eres ese alguien recuerda que no solo debes llevar un regalo al bebé recién -no tan- recién nacido, sino también a la mamá y algo para comer y tomar, porque pucha que hace falta cuando una está en ese período de la vida materna.

#Maternidad: Basta de exigirnos perfección

Partamos con la siguiente frase: “Las mujeres/madres perfectas NO existen”.

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“Sofía por el amor de Dios, camina”

Así, tal y como lo escribo: no hay madres perfectas. Sólo madres. Que a ti no te guste mi estilo de crianza es otro tema, pero soy madre antes que todo.

Llegué a esta conclusión ayer, cuando una compañera de trabajo me avisó que tenía los cordones desabrochados. Algo típico y normal. Hasta que me acordé cuando iba caminando con Olivia en su portabebé y Sofía de la otra mano. Se me habían desabrochado los cordones de las zapatillas hacía cuadras y no podía parar.

Llevaba dos bolsos encima: el de Sofía con las cosas del colegio y el mío, con las cosas del trabajo, más mi extractor, más mis potes de la comida, más la leche para Olivia, más mis cuadernos donde había anotado cosas importantes.

De verdad no podía parar. Llevaba cuadras pensando en esas madres perfectas de calendario, de publicidad de marca top, de tienda de retail. Cuadras cranéandome como CRESTA lo hacían para poder ir PERFECTAS a buscar a los retoños al colegio, para tomarse un café en la mañana, para que no se le desabrocharan los zapatos, perdón botas. Una mamá perfecta no usa zapatillas usa botas o tacos altos (no me pregunten qué cresta hacen para no caerse o poder salir corriendo detrás de la retoña que no encontró nada mejor que arrancarse a la calle).

Pensaba en esas caras de las personas que me miran en la mañana así como “podrías arreglarte más, un poco de maquillaje no te quedaría mal” o en esas personas que sin piedad susurran detrás mío “mira como tiene le pelo”. Para qué decirles de las miles de personas que me han pelado porque mi pantalón estaba manchado con tierra (pero que NO sabían que JUSTO ese día tuve que tomar en brazos a Sofía, junto con Olivia para ayudarla a bajar del bus y ella sin querer manchó mi pantalón recién lavadito y planchadito).

Y la mochila iba mal puesta en mis hombros porque recién acababa de darle pecho a Olivia XD
Y la mochila iba mal puesta en mis hombros porque recién acababa de darle pecho a Olivia y Sofía no quería salir en la foto

Le digo ADIÓS a las MAMÁS PERFECTAS. La publicidad y sus mujeres de metro ochenta jugando con niños sin que un pelo se les mueva, sin que su ropa no esté manchada con comida, sin que su maquillaje no se haya corrido no existen y si existen por favor que alguna postee aquí para conocerla.

Me revelo a usar zapatos con plataforma o tacos para ir a dejar a las niñas al Colegio, para ir al parque. Menos para ir a la reunión de apoderados (donde pareciera que varias van a mostrar la Mamá Perfecta que llevan dentro). Me revelo ante la publicidad engañosa que te dice que nunca tienes un mal día, esa misma publicidad que te dice que el embarazo es perfecto, que nunca te sientes mal y que deberías sentirte como flotando por las nubes. Me revelo ante las películas que te muestran el parto como un proceso simple y casi como ir a sacar el carnet de identidad, sin saber que ese momento es único y que nadie puede decirte realmente cómo es, porque es TU PARTO.

Me sigo revelando contra la gente que te exige maquillarte porque así no muestras lo cansada que estás de amamantar toda la noche y escuchar los gritos de tu bebé cuando el pecho no está ahí al lado. No me digas que dé fórmula porque sé que el pecho es lo mejor para mi bebé y tampoco soluciona los despertares nocturnos (porque para que tú sepas, el sueño es algo evolutivo y cada niño es distinto). Me revelo contra quienes me preguntan si seguiré bajando de peso en vez de preguntarme si mi salud está bien.

Me revelo contra quienes me han dicho que las niñas deben estar siempre limpias y perfectas, casi ni pueden tener una manchita de comida en su ropa. ¿Sabes por qué? Porque mis hijas son niñas y las niñas/os se ensucian y no voy a estar haciendo cargas de ropa extra por estar cambiándoles la ropa cada vez que se ensucien.

Me revelo contra la mamá perfecta de cartera que te muestran en las revistas o en las teleseries, porque no puedo andar con carteras gracias a la tendinitis que tengo en mi hombro (por haber usado un mal portabebé con Sofía). Me gustan las carteras pero ¿has intentado andar con una bebé + sus cosas + mis cosas + mi hija mayor y sus cosas? Créeme que una mochila es mejor (en especial cuando quieres tirarte por el resbalín con las dos Enanas).

También me revelo contra la mamá que te muestran en la tele que siempre sonríe, porque no siempre tengo ganas de sonreír, porque hay días que solo quiero llorar, porque hay días que me encantaría salir corriendo y dejar a las niñas llorando un rato hasta que se les pase la maña, porque hay mañanas en que no me puedo despertar porque mi cuerpo está tan cansado que las 6 horas que duerme no alcanza a recuperarse. Porque hay días en que me lleno comiendo galletas porque es lo único que sacia mi hambre, no la frutita y el yogurcito de la tele.

Luego a mi compañera de trabajo le dije: “Si algún día vez a una mamá con los zapatos desabrochados, no le digas “oye tienes los zapatos desabrochados” mejor ofrécete a ayudarla, porque probablemente lleva cuadras pensando en que anda así y no tiene como arreglarlo”.

Y tú, ¿qué crees?