¿Sufres de hiperparentismo?

Expertos de todo el mundo están levantando la alerta respecto de la forma en la que los padres están criando a sus hijos. La falta de tiempo, el exceso de trabajo y de tecnología disponible suelen ser excusas perfectas para no hacerse cargo de una realidad innegable: los niños no están experimentando la vida por su cuenta hasta que ya son demasiado grandes para aprender a hacerlo correctamente. Esta es la base del hiperparentismo.

Las niñasFrancesco Tonucci, pedagogo italiano, asegura que parte de culpa de las adolescencias explosivas es por esas infancias excesivamente vigiladas. Y da un ejemplo concreto, la obligación que sienten los padres por tener a los niños ocupados el 100 % de la semana y que así nunca pasen tiempo solos ni aburridos. Lo cierto es que dejar que “se aburran” resulta beneficioso para su crecimiento, pues les permite desarrollar su creatividad, afrontar problemas y ser independientes.

Otra visión que ha generado resquemor entre los padres modernos es la de Tim Elmore, popular escritor norteamericano, formador y especialista en educación, quien asegura que “Arriesgamos muy poco, ayudamos muy rápido, elogiamos con mucha facilidad y premiamos lo mínimo”. ¿Cómo se ve esto desde el hiperparentismo? Emore explica que esta es una generación en la que la seguridad es tan prioritaria que no se quiere que los niños asuman ningún riesgo. “A veces me da la impresión de que su edad biológica es normal, pero la emocional es menor, porque nunca se les ha permitido fracasar, que es cuando se aprende”, asegura. Y agrega, “Muy relacionado con lo anterior es que los padres siempre están rescatando a sus hijos. Van a negociar notas, hablan con el profesor, a veces incluso cuando ya están en la universidad. Tenemos que dejar de rescatar tanto y dejar que crezcan y negocien por sí mismos”.

El profesor señala que, en la búsqueda de construir autoestima en los pequeños, los padres pierden el norte y los felicitan por todo lo que hacen, en vez de ayudarles a entender que mucho de lo que realizan es su labor y no más que eso. Esto se acompaña de un exceso de premios, lo que los hace creer que sólo por estar ahí, serán destacados por otros. Y, cuando eso no sucede, comienza la frustración y la confusión.

En contrapunto está la experiencia de quienes trabajan en la formación de niños a través de plataformas digitales virtuales, donde la interacción entre éstos y la tecnología no requiere del apoyo de los padres, por el contrario, es clave que ellos hagan todo solos, aunque les cueste. Es el caso de Smartick.com, que enseña matemáticas, lógica y programación, cuya metodología se basa en que los escolares trabajen por su cuenta. “Y los niños así lo entienden y se lo exigen a sus papás. No se asustan ni tratan de darle la vuelta al proceso. Sabemos que, dada la oportunidad, los chicos saben lo que tienen que hacer y lo resuelven. Nuestros alumnos, en más de 100 países del mundo, pertenecen a la generación Z y sabemos que aprenden experimentando, desde la metacognición, que es el uso del pensamiento para analizar sus propios procesos”, detalla Javier Arroyo, creador de Smartick.com

Hablemos sobre “la palmada bien dada”

Mi mamá me pegó.

mamá de malcolmAntes de comenzar cualquier post, debo contarles que también fue una niña que recibió palmadas porque “no me portaba bien” o porque “hacía algo que no tenía que hacer”. De los cuatro hermanos que somos, solo uno se salvó de las palmadas de mi mamá.

No es que ella fuera mala, sino que no sabía canalizar su frustración. No es que mi mamá fuera una “animal” pero ella no lograba hacerme entender con palabras y era la “herramienta” que tenía para corregirme.

Después de ir a terapia, analizar que lo que hizo, de entender que era ella quién estaba mal, recuerdo que me hizo un trato, pero en realidad se hizo un trato con ella misma: yo la escucharía a la primera, a la segunda o a la tercera, pero que tomara consciencia cuando ella me hablara y ella no me golpearía más porque sabía que estaba mal. Esto fue a los 7 años, y nunca más lo volvió a hacer.

Sé que mi mamá no es la única mujer y hombre, madre o padre, que hace ese análisis, que logra entender que “la palmada” al final es una arma de doble filo.

Pero si me he dado cuenta que no falta quién te sugiere que para corregir a los niños y niñas no hay nada más bueno que las palmadas, cachetazos o correazos, que así es como se formaron buenas generaciones (más adelante lo analizaré mejor), que así somos mejor sociedad porque entendemos el valor del miedo y blah blah blah.

Bueno, no soy psicóloga, ni especialista en violencia, pero si soy madre y como madre sé que golpear a un niño dándole “una palmada bien dada” no es bueno.

Mi propia experiencia

Perfecta NO SOY.

Reconozco que la frustración muchas veces me ganó con Sofía, que cuando era chica, a raíz del “a través de los golpes entienden” también le pegué una palmada porque mi mente se nubló y no supo como reaccionar ante mi propia frustración.

¿Por qué lo hice? Porque no logré tener las herramientas para CONTENERME ni menos para contener a mi hija. Y esto no se trata de darle el gusto, sino que entender que ella tenía en ese tiempo un vocabulario reducido, inmaduro y no siempre me podía expresar que quería. Y yo tampoco sabía como explicar que me sentía mal, que estaba colapsada, cansada por la falta de sueño, etc. En el fondo MALA COMUNICACIÓN DE LAS PARTES.

Entonces mi cerebro actuó de manera irracional, pero recordándome que, como lo hizo mi madre, los niños se corrigen con palmadas.

¿Me sentí mal? Obvio que si, yo no quería repetir el patrón de mi madre y lo estaba haciendo. ¿Fue bueno? No, de hecho empeoró todo, porque más mal se portaba porque la reprimía, porque yo estaba estresada y ella en el fondo sentía todo lo que yo estaba viviendo.

¿A mi me pegaron y no pasó nada?

Este comentario lo he leído una y mil veces “a mi me pegaron y no pasó nada”. Por supuesto que te pasó, ¿te has dado cuenta de como reaccionas ante la frustración? ¿te has dado cuenta como reaccionas ante un niño o niña llorando? ¿qué tienes ganas de hacer cuando te enfrentas a una situación desfavorable para ti?

¿Se han dado cuenta que la sociedad está cada día más violenta?

Bueno, la educación parte en casa y si a nosotros nos educan en la represión de nuestros propios sentimientos, de no poder decir lo que pensamos, que si hacemos “algo mal” merecemos castigo, como no vamos a tener una sociedad en que ante la menor provocación reacciona con golpes o violencia en general.

Es tan simple como ver la gente como se mueve en el metro, te empujan y en vez de decir “cuidado” tiendes a seguir golpeando porque “me golpeó primero”. O en la fila del banco o en la micro.

Claro, hay veces que hay que defenderse, no se trata de andar cabeza gacha y que todos los demás te pasen a llevar. Se trata de canalizar la propia violencia en otras formas de “defenderse”.

¿Se han dado cuenta de la cantidad de casos de VIF que cada día suman y suman cifras negras? Claro, si le echamos la culpa a las mujeres por ser como A, B o C siendo que es el hombre (y algunos casos mujeres) que se han criado en torno a los golpes y en que “así se resuelven los problemas” “así se impone el mando” “que si no me entiende con palabras me entenderá con golpes”.

No se trata de hacer “lo que los niños quieran” se trata de tratarnos como seres humanos

En la Universidad recuerdo que un profesor nos decía “lo que nos distingue de los animales no solo es que andamos en dos extremidades sino que tenemos la capacidad de razonar y tomar decisiones en base a hechos, argumentos, etc”.

Se trata de no golpear a los niños porque somos seres humanos y también tienen la capacidad de razonar si los tratas siempre como seres humanos. Los niños entienden si tu les enseñas a entender y comprendes que poco a poco van madurando su cerebro y con eso madurando su lenguaje y expresando mejor lo que deseas y tu puedes darle mejores explicaciones.

Si llegaste a este post sobre mi experiencia y estás viviendo el círculo vicioso de la violencia ya sea ejerciéndola hacia tus hijos, te cuento que se puede, pero es aprendiendo de ti mism@ y qué es lo que te hace mal y por qué lo estás haciendo. Y busca ayuda experta.

No hay buenos ni malos padres, sino que muchas veces, al igual que los niños, tomamos decisiones poco acertadas.

#DíadelPadre La culpa de los padres frente a la crianza

A sólo días de celebrar el Día del Padre, un especialista de la Universidad del Pacífico explica qué tipo de culpa sienten los hombres cuando se enfrentan a la necesidad de compatibilizar el tiempo laboral con el familiar y entrega algunos consejos para disminuir ese sentimiento culposo. 

La culpa que produce el tener que trabajar fuera de la casa hoy no sólo es un tema de las madres, sino que también de los padres, quienes cada vez están más comprometidos con la crianza de sus hijos. Así, son muchos los factores que inciden al momento de sentir culpa respecto a la crianza de los hijos.

“Se incluye nuestra propia crianza como hijos, la relación de la pareja de padres, las expectativas que tenemos de nuestros hijos y su crianza, el tiempo que pasamos con ellos, la calidad de los momentos, la educación que les entregamos, las posibilidades económicas, etc., así como la percepción de que los hijos estén sufriendo”, señala el coordinador académico de la Escuela de Psicología de la Universidad del Pacífico, Felipe Vergara.

Esto provoca que tanto padres como madres busquen proteger a los hijos. “El esfuerzo de los padres generalmente será proveer el espacio para que no ocurra ese contexto de sufrimiento, aunque por lo general es la madre la que contiene desde el ámbito emocional, porque se afecta más por el sufrimiento de los hijos. En esto también influyen los estilos de crianza que tienen los padres y los estilos vinculares de éstos con sus progenitores”, indica el psicólogo.

Si bien el profesional cree que en general la madre trabajadora siente más culpa que el padre que trabaja, debido a que culturalmente se le asigna el rol de la crianza de los hijos, es un sentimiento que no es algo ajeno a los varones.

“Los padres tienden a vincularse en forma tardía, a diferencia de la madre que está vinculada desde la concepción con los hijos. Por lo tanto, la culpa masculina más bien se manifiesta como frustración respecto de los esfuerzos que han realizado para conseguir tal o cual objetivo en la crianza, a diferencia de lo femenino, en donde la culpa se manifiesta con mayor angustia respecto del vínculo o relación con los hijos y se recrimina por no estar lo suficientemente presente”, aclara.

“En general, la experiencia clínica nos dice que se han agudizado los sentimientos de culpa, pero principalmente en las mujeres, ya que las posibilidad de tener un equilibrio respecto del trabajo y la familia se hace más difícil con las rígidas jornadas laborales. En esto aún quedan cambios socioculturales que debemos gestar para dar mayor preponderancia a los hombres en la crianza”, agrega Vergara.

¿Cómo se manifiesta la culpa en los padres? “Principalmente se da cuando los padres no se sienten satisfechos con las decisiones vocacionales de sus hijos, o con la elección de la pareja o con el estilo de vida, cuando hay un corte en lo que hacen los hijos y lo que ellos proveen. Aceptar la diferencia y encontrar los puntos en común en esa diferencia es lo que presenta mayor dificultad a los padres. Y es por esto que en terapia es posible construir puentes para que la comunicación pueda producirse y exista transformación en el vínculo”, indica el docente de la Escuela de Psicología de la U. del Pacífico.

Asimismo, el especialista comenta que cuando la pareja está distanciada o separada, es posible que haya mayor culpa. “El sentimiento de inseguridad y la responsabilidad por el sufrimiento de los hijos se percibe como mucho mayor. Ahora, siempre dependerá de cómo sea abordado el proceso de separación por los padres, porque la culpa aparece cuando la misma situación de separación y la relación entre los cuidadores o progenitores ha generado sufrimiento para el sistema familiar. Además, cuando el ausente no se hace presente, el presente carga con la rabia por la ausencia del otro y, por tanto, se observa mucho que se establecen dinámicas generadoras de culpa como elemento transaccional”, explica el especialista.

La culpa: una oportunidad 

El psicólogo de la Universidad del Pacífico, Felipe Vergara, plantea que es importante comprender que el sentimiento de culpa no es algo negativo per se, sino que más bien puede ser una oportunidad de cambio en el modelo de relacionarnos.

“La culpa puede representar una instancia de vulnerabilidad, en la cual existe la posibilidad de revisar nuestro actuar, integrar los aspectos que nos causan ruido como padres en la crianza y, eventualmente, definir un espacio reparatorio, tanto para con nosotros mismos como también para con nuestra familia. Esto quiere decir que efectivamente si hay culpa en relación a la crianza, como padres podemos revisar nuestras expectativas respecto de nosotros mismos y evidenciar qué elementos corresponden a nuestra propia autoexigencia y qué elementos corresponden a un proceso individual de los hijos, donde deberemos acompañar más que imponer”, precisa.

Finalmente, el profesional comparte algunos consejos que podrían ayudar a disminuir este sentimiento culposo:

  • Tener un sentido de identidad claro y un reconocimiento del otro como alguien distinto y separado de uno. No permitir la autonomía y la diferenciación es uno de los males de nuestro tiempo, ya que no se aborda un proceso natural del ser humano y se vive como inadecuado, cuando la diferenciación es parte del proceso de construirnos como individuos.
  • Tener confianza en la crianza realizada y en los recursos de los hijos.
  • Aprovechar las posibilidades de conversación que existen en la parejarespecto de la crianza de los hijos.
  • Contar con una comunidad que aporta constructivamente al desarrollo del niño,sin descalificar la crianza de los padres, sino que tomando las dificultades como posibilidad de crecimiento.

Como estimular en casa a niños con problemas del lenguaje

Los propios padres pueden pesquisar antes de la etapa pre escolar si sus hijos tienen algún problema de lenguaje. Fabiola Poblete, fonoaudióloga de Clínica Avansalud, explica las ventajas de poner atención y estimular a través del juego a los más pequeños de la casa.

 niños problemas del lenguaje“Hablarles más lento y pedirles que nos miren a los ojos”, es uno de los consejos fundamentales a la hora de estimular el lenguaje en los más pequeños, así lo señala la fonoaudióloga de Clínica Avansalud, quien explica que desde los dos años es posible pesquisar algún problema. “al año el menor adquiere sus primeras palabras y al año ocho meses, es esperable el desarrollo de las primeras oraciones, considerando una variante de 6 meses de diferencia, según el desarrollo del individuo”.

Algunos de los problemas que los padres pueden observar en menores de 3 años y que pueden ser reflejo de un problema mayor son:

  • Dificultad para entender lo que otras personas han
  • Problemas para seguir
  • Problemas para organizar sus
  • Tener dificultad para juntar las palabras en oraciones o sus oraciones pueden ser
  • Tener dificultad para encontrar las palabras correctas al
  • Presentar un vocabulario que está por debajo del nivel de otros niños de la misma
  • Tener dificultad para producir diversos sonidos del

Ante estas señales, la recomendación es consultar al pediatra y asistir al fonoaudiólogo, quienes están capacitados para establecer o restablecer las habilidades y funciones de la comunicación. “Nuestra labor es realizar prevención, evaluación, diagnóstico y tratamiento de problemas de lenguaje e integrar, en el caso que sea necesario equipos multidisciplinarios del área salud y educación” señala Fabiola.

Terapia en familia

Los encargados de estimular al menor y de participar en su desarrollo son todos quienes lo rodean y sean significativos para él, por tal razón la terapia se realiza en conjunto con los padres.

La especialista señala que lo ideal es realizar el tratamiento a través del juego, ya que es parte fundamental en el desarrollo de los niños. En esta etapa la participación de los padres es fundamental ya que el niño necesita una estimulación total, continua y constante, y cada vez que se interactúe con el menor se debe utilizar una verbalización apropiada, con poca información y ojalá relatar todas las acciones que se lleven a cabo. “El contexto para realizar esta estimulación debe ser significativo, aprovechar rutinas diarias y lugares donde se desenvuelva mejor el pequeño, utilizando juguetes que sean de su interés y agrado para que el aprendizaje sea más entretenido y próspero”.

La especialista destaca que también es importante acompañar la comunicación con gestos para apoyar la comprensión, así como lo es también el afecto “Es de vital importancia acompañar la estimulación con canciones, sonrisas, palabras amables y de reconocimiento, la única forma saludable de aprender es a través del cariño y el refuerzo positivo, no de la obligación. Felicitar o premiar es una buena opción cada vez que el menor consiga un logro para motivar aún más el aprendizaje”

 Tips para estimular a los niños en el hogar

  • Hablar más despacio. Pedirles que nos miren a los ojos
  • Pronunciar correctamente sin exagerar ni
  • Repetir si es necesario y/o intentar decir lo mismo de otra
  • Respetar el turno de
  • Utilizar gestos naturales para facilitar la comprensión.
  • Adecuar el tamaño y la dificultad de los mensajes al nivel del niño.
  • Utilizar frases simples pero
  • Evitar enunciados interrumpidos o
  • Favorecer la comprensión por parte del niño con preguntas
  • Atender y escuchar antes de
  • Adoptar una actitud positiva frente al niño, alentándole y felicitándole ante sus
  • Crear situaciones comunicativas donde el niño vea y oiga a la persona con la que habla, y donde se respeten ciertos espacios de tiempo en el que el niño se exprese
  • Controlar todo tipo de actitud negativa y de ansiedad ante el lenguaje del niño. No usar estrategias tipo “hasta que no me lo digas no te lo doy”
  • Eliminar correcciones del tipo “eso no es así”. En su lugar repetiremos la frase o palabra de forma correcta, acortando o ampliando la oración.
  • Reforzar los avances.

Jornada de Maternidad y Crianza llamada “Claves y beneficios del apego y la lactancia”

Si estás embarazada o comenzando tu lactancia esta jornada te encantará, además es GRATIS y puedes aprovechar la información de especialistas de la Clínica Alemana.

jornada de apego y crianza

Más información aquí https://portal.alemana.cl/wps/wcm/connect/internet/home/landing/jornada-de-maternidad-y-crianza

 

Tips para padres: apoyando las habilidades de escritura en casa

Por Fundación Educacional Oportunidad

www.fundacionoportunidad.cl

Es una preocupación habitual en los padres que el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura en sus hijos se dé de modo tal, que ellos no se encuentren en desventaja a la hora de postular o ingresar a un colegio, ni que hagan más difícil la transición desde la educación inicial al primer ciclo de enseñanza básica.

lecto escritura Es por ello que se suele creer que mientras antes aprendan a leer y a escribir es mejor, y eso ha generado la ya tan discutida escolarización temprana. Nosotros como Fundación Educacional Oportunidad creemos y practicamos que la adquisición de habilidades de lecto-escritura o —como indican las Bases Curriculares de Educación Parvularia— la iniciación en la lectura y escritura se pueden generar de manera lúdica para los niños, a través de actividades cortas y entretenidas donde tanto educadores como padres pueden fortalecer a los niños en el área y permitirles disfrutar el proceso.

Para apoyar a los padres en esta tarea, hemos querido tomar los lineamientos de nuestro programa “Un Buen Comienzo” (UBC), que se dedica a fortalecer el desarrollo del lenguaje en la educación inicial pública, entre otras cosas, para poder entregar a padres y apoderados recomendaciones para apoyar a los niños en el desarrollo de las habilidades de lecto-escritura en casa.

La escritura se trabaja en sala considerando cinco niveles de apoyo descritos por la investigación en la que se basan las prácticas de UBC: escritura modelada, escritura compartida, escritura interactiva, escritura independiente y escritura guiada. Estos niveles de apoyo pueden ser emulados en casa para contribuir a lo que la educadora realiza durante la jornada escolar.

  1. Escritura modelada: El adulto puede escribir delante de y junto al niño, textos pequeños que tengan arraigo en la vida diaria, pensando en voz alta mientras lo anota y también describiendo su proceso mental y cómo lo desarrolla a la vez que escribe. Puede ser una nota que se le dejará al padre para que sepa que han salido, una lista de compras, un pequeño e-mail o un mensaje de texto en el celular. Lo importante es que el niño presencie y se familiarice con el proceso.
  2. Escritura compartida: Padre o madre e hijo crean el texto anteriormente mencionado, por ejemplo una receta, y después el adulto lo escribe. El niño puede ir colaborando en probar cómo se escriben ciertos alimentos o procesos como “revolver”, y deletrearlo. El razonamiento es compartido entre el adulto y el niño, pero es el adulto quien escribe las ideas, palabras u oraciones que surgieron.
  3. Escritura interactiva: El padre y el niño crean el texto y comparten el lápiz (o el teclado del celular o computador) para escribirlo. El adulto y el niño piensan el texto juntos en voz alta, y se turnan para escribirlo.
  4. Escritura guiada: El adulto piensa un texto estructurado —por ejemplo, la nota para que otro adulto sepa que han salido a comprar— y supervisa mientras el niño lo escribe por sí solo. El adulto provee la estructura o el tipo de escritura que se realizará, pero los niños tienen que pensar por sí mismos qué escribirán con esa estructura y hacerlo.
  5. Escritura independiente: Los niños usan el proceso de escritura para escribir historias, comics u otros textos y sobre un tema. El adulto monitorea el progreso del niño sin invadirlo, con un mínimo nivel de apoyo. El padre o madre no interviene tampoco en el tema y tiene cuidado al realizar correcciones, para que no desmotiven al niño a escribir. 

Recalcamos que es de vital importancia la motivación de los niños en este proceso, y darles a entender que son ellos quienes lo ayudan a usted con el hecho de escribir. Pedir su colaboración de modo casual y no impositivo asociará la escritura con un refuerzo positivo.

#Maternidad Mis hijas no son terrones de azúcar

Este es un post que solo tenía el título y lo hice porque me molesta muchísimo cuando en la calle me topo con personas que NO conozco y que comienzan a cuestionarme las cosas que hago.

botas invierno
Para las que me preguntan son de Gandarva Zapatería 😉 Hechas a mano

Era un día lluvioso, como pocos en Santiago. Sofía se levanta muy temprano por las mañanas porque la tía del furgón la va a buscar también temprano, ya que es la única alternativa viable para que llegue a la hora al colegio y con la paz y tranquilidad suficiente que necesita.

Cuando bajé a dejarla no llovía tanto, eran unas chispas locas. Sofía pidió llevar su paraguas. Y ropa de cambio, porque en casa de mi madre si se cambia de ropa a penas llega del colegio.

Subí al departamento, me arreglé y comenzó a llover más fuerte. Si, como nunca en Santiago.

Cero posibilidad de quedarme en casa con Olivia. Porque si o si tenía que trabajar y el mundo no para porque cae un poco de agua más de lo esperado en Santiago (aunque para qué vamos a andar con cosas, los santiaguinos estamos MUY pero MUY mal acostumbrados a que caen tres gotas y la ciudad es un real caos y la gente anda histérica, como si se fuese a acabar el mundo).

Con Fernando he aprendido varias cosas: en el sur llueven 300 días al año y la gente hace su vida igual.

Abrigué bien a la enana chica, yo me puse unas buenas botas de agua (prestadas de mi madre), paraguas, impermeable, y toda la tenida de combate. La enana en el portabebé bien abrigada, yo con mis dos mochilas y una bolsa con los zapatos para cambiarme en el trabajo.

Pasamos con la Enana a saludar a la Paola de la panadería y de repente una señora X me dice: “pero por qué sale con ella si está lloviendo” y no sé que cara puse pero le respondí: “pero si mi hija no es nah terroncito de azúcar y no tengo con quién dejarla en casa… bueno, sola no se puede quedar”.

Y la señora entre broma y broma se dice “pero si está tan helado y está lloviendo”.  Y yo la emplazo: “como en medio Chile, en Puerto Montt y en el sur de Chile en general llueve todo el año y hacen su vida de lo más normal, acá estamos mal acostumbrados”.

Y ahí, en mi cabecita loca recordé las frases que se me marcaron a hierro de mi amada profesora de lenguaje (normalista por cierto) Ana Valenzuela (más conocida como Ana Mechau) cuando nos contaba que nuestro colegio de básica en algún momento fue un potrero, que los niños caminaban cuadras para ir a estudiar, que con una lluvia loca todos se ausentaba, “ya faltaron los terroncitos de azúcar”, era su frase clásica para hablarnos de nuestros compañeros que faltaban al colegio.

familiaDesde que tengo a mis hijas, me di cuenta de lo sobreprotegidos que son los niños y niñas ahora, siempre hay un miedo a que “algo” les pase, y eso significa que son niños y niñas que se atreven menos a experimentar la vida, a disfrutarla, por NUESTROS MIEDOS. Miedo a que se enferme (y que yo, mamá, no tenga donde meterla para ir al trabajo), miedo a que se rompa algo (porque sale caro ir a la urgencia o verlo llorar), miedo a que alguien haga algo sobre él/ella (porque en la tele dicen que hay muchos abusos o una ola de abusos a menores), miedo a una infinidad de cosas que de verdad muchas son influenciadas por la televisión o por cartelitos en redes sociales.

¿Son nuestros hijos unos terrones de azúcar?

¿Qué generación estamos criando?

Lo que es yo, mis hijas a todas conmigo y yo a todas con ellas. Y si hay que meterse al barro nos metemos y si hay que ensuciarse nos ensuciamos, si hay que subir un cerro lo subimos. La vida son experiencias, no solo ver tele y películas.

Ser malos pobres

malos pobresEste post lo hice para mis amiguitos del Facebook, pero tomó tanta trascendencia que creo que amerita escribirlo aquí y que se comparta a la humanidad.

Hoy fui a ver a Feña a su trabajo que queda en Alonso de Córdoba.

Abrumada por lo siútico del sector, pensaba en la desigualdad en la que vivimos a diario en Chile.

Gente con camionetas 4×4 en plena ciudad, donde no se justifica tener un auto que es pensando para otras condiciones o usos o que tengas tres hijos o más, versus la persona en situación de calle -otra siutiquería- sin calcetines que vi al llegar a mi casa. Tampoco deje de pensar si tenía dónde sacar calcetines en la casa que le pudiesen servir -la verdad es que la ropa que di de baja la regalé hace un par de meses y no recuerdo si Feña tiene calcetines en buen estado que se puedan regalar-.

Pensaba en lo limpio del sector, en la cantidad de “seguridad ciudadana”, en las veredas impecables versus el barro que hoy tuve que pisar mientras llevaba, atrasada, a las niñas a casa de mi mamá.

Miré mis botas y me di cuenta lo carreteadas que están de tanto caminar. A pesar de que me gusta caminar mucho, porque disfruto el acto de observar los lugares por dónde me muevo, también tengo momentos en que también caigo en el pensamiento progre de pensar que con un auto “mi vida se solucionaría”. Que hipotéticamente “dejaría de correr”.

Pensaba también, mientras esperaba a Feña a la salida del Restaurant -donde el valor promedio del plato es de 15 lucas-, que heavy es la cantidad de mal llamadas “nanas” hay en el sector, como las personas pudientes las miran en menos PERO que confían en ellas el cuidado de sus hijos. Vi a varias yendo con los niños al supermercado como si fuesen los propios. A otras tantas caminando apuradas, con sus hijos al lado, a tomar la micro que quizás las lleva al otro lado de Santiago, donde las veredas no son tan limpias, donde hay barro en el parque, donde la “seguridad ciudadana” se limita a unas alarmas comunitarias y donde la vecina de la panadería te conoce hasta los estados de ánimo -la Paola es así, la dueña de la panadería donde vamos siempre a comprar. Ella les regala un pancito y un dulce a mis bestias chicas para que se vayan contentas a la casa o al jardín-.

Entramos al Jumbo de Lo Castillo porque esta damisela tenía UN HAMBRE que se los encargo, a comprar un pan tipo miga estilo Castaño/Daily Fresh, porque según yo era más “rápido”. Cuento corto y sumando y restando era ilógico gastar $1.700 pesos por un pan versus comprar un pan ciabatta -super progre- y tres láminas de queso y jamón y quedar no sólo satisfecha sino que llena.

En esa sola vuelta que nos dimos con Feña nos siguió en dos oportunidades el guardia. ¿Tendré cara de flaite? Dije para mis adentros. Mientras seguía caminando con mi mochila y mi parka rosada marca “cara” regalada por mi primo regalón.

Pedí tres laminas de queso y me cagué de la risa y el chico del mesón me miró y se cagó de la risa también.

En cambio no fue lo mismo cuando pasé al mesón del jamón. La señora me miró con cara de casi haciéndome un favor al atenderme. Y le dije a Feña: “puta que somos malos pobres”.

Cuando trabaje de garzona para pagarme la U, recuerdo haberme agarrado con un compañero de pega por lo mismo. Chupa calcetas el tipo con los que se “veían de plata” pero displicente con las personas que son nuestros vecinos, y que así como él o yo, iban a comer porque encontraban rico el restaurant.

Así me atendió la señora del mesón, la cajera y el guardia. A una señora “pituca” las atendieron como las reinas del universo y a mí, como la que viene a molestar.

Cuando hablo de malos pobres me refiero a que hay personas que no tenemos respeto a los de la “misma clase”, que atendemos de manera interesada a quien se supone que “tiene más” porque podemos sacar un provecho, normalmente económico, pero al vecino lo dejamos que se atienda solo, porque ese está igual que yo: contando las chauchas para llegar a fin de mes.

Antes de pasar por la caja saqué una S.Pellegrino de limón -pobre pero con gusto- y pagué.

Me senté a las afueras del Jumbo Lo Castillo, abrí mi pancito con las manos, le puse mis tres laminas de queso y mis tres laminas de jamón y me hice el tonto pan Ciabatta por $1.600.- aprovechamos de conversar con Feña y comernos entre los dos el pancito (que a esa altura del partido era DON PANCITO).

Y sigo pensando que seguiré tratando a toda la gente igual, solo por su condición de PERSONA. No por su clase social o lo que se supone que aparentan.

Sigo pensando que vivimos en un mundo desigual, pero eso no lo puedo solucionar sola, pero si puedo contribuir enseñándole a mis hijas a que todos somos iguales, da lo mismo como se movilicen o qué ropa usen lo seguiré haciendo.

Que nadie las mire en menos, pero que ellas tampoco miren en menos a otros porque hacen el aseo o recogen la basura. ¿Qué haríamos nosotros sin la persona del aseo de la oficina o el recolector de basura? ¿O la persona que corta el pasto de la municipalidad? Probablemente usted no se levantaría de su cama y llevaría SU basura al vertedero ni menos cortaría el pasto que corresponde a un bien común.

Pagar no nos hace mejores personas o no tener poder adquisitivo tampoco nos hace menos persona.

La persona que hace el aseo, recoge la basura o los recicladores de base son tan o más respetables que alguien que pasó 15 años estudiando un doctorado, solo por el hecho de ser personas.

Y yo seguiré comiéndome pancitos donde sea, en Vitacura o en Peñalolén.

#Maternidad Los terribles 2: Welcome to the jungle 

De verdad, había olvidado que “los terribles 2” eran tan terribles.

Olivia almorzandoCuando Sofía vivió esa época yo estaba estudiando, haciendo mi práctica en una agencia (donde luego trabajé). Ella pasaba en el jardín todo el día porque no tenía con quién dejarla, mi madre trabajaba y mi papá ya estaba con su enfermedad manifestada. Comencé a andar en bicicleta (porque estaba colapsada de cosas que hacer y era necesario ese tiempo para disfrutar un rato de la libertad que te da movilizarte en dos ruedas), con Feña estábamos juntos pero no vivíamos en la misma casa, así que, como buenos pololos, nos veíamos casi todos los fines de semana.

Mi vida era otra, muchísimas menos responsabilidades que ahora, por ende me acuerdo que si bien Sofía se mandaba embarradas como por ejemplo cubrir el piso flotante con pasta lassar o rayar las paredes de la casa de mi mamá, recuerdo que no fue taaan terrible. Dentro de lo testadura que era -¿a quién habrá salido?- desde chica la Sofía razonaba. 

Olivia se ha llevado los créditos y los Óscares de los Terribles 2. Es increíble como tanta locura puede estar contenida en ese envase tan pequeño.

Y es cierto, Olivia tiene un año 8 meses y se comporta, en la casa, como si tuviese la edad Sofía.

Un día necesitaba ir al baño, Sofía jugaba en su pieza y Olivia también, dejé la puerta abierta -si, obvio- y no sé en qué momento movió la silla y se subió a la mesa a comer un poco del manjar que estaba arriba de la mesa sin tapa.

Olivia y SofíaOtro día la encontré sacando papel higiénico del baño, porque quizás necesitaba sonarse los mocos (?). Y no, no fue un poquito, fue la mitad del rollo ahí en el piso y ella mirándome con cara de “mamá lo hice bacán”.

Cuando Sofía hace pipí ella va y le comienza a cerrar la tapa del baño en la espalda. Le digo en español de humanos que vaya a hacer otra cosa, se va y vuelve recargada a joder a Sofía al baño.

La he pillado tomándose el agua de la tina y la Sofía riéndose a su lado sin decirme la embarrada que se estaba mandando (conste que, no me pregunten cómo ni porqué nunca le ha dado colitis).

Ve a la Sofía agachada y se tira encima de ella.

Pasa a saludar todos los días antes de entrar al jardín a la panadería y descubrió que pegando un grito ella avisa y así la saludan -y además le regalan un pan-, se arranca de espaldas cuando Feña le quiere poner una chaqueta.

Nos pide todas las mañanas los Minions porque le dan risa (un vídeo compilado con muchos comerciales de los Minions, es bien gracioso).

Así sucesivamente. No se despide de mí en el jardín pero si se alegra cuando va mi mamá a buscarla a tal punto que las tías me comentan que se pone tan pero tan contenta que llega a pegar un gritos de alegría y ellas se matan de la risa.

Tienes un hijo de la misma edad de Olivia y estás viviendo lo mismo que yo y te preguntas “¿Qué hacer en esta etapa?”

Simplemente disfrutarla. No queda de otra, los “terribles dos” como en gringolandia le pusieron, es parte de una etapa que todos los niños viven, más temprano o más tarde. Se dan cuenta que son seres a parte de la mamá o de la figura de apego y quieren comenzar a vivir sus reglas, claro, aunque esto signifique tirarse de cabeza del sillón al piso.

Comienzan a descubrir el mundo de una manera absolutamente distinta a la que lo habían hecho.

Marcar los límites obvio. Si leíste mi post anterior (el de dejar de decir no) eso te servirá ene, hablar con órdenes claras pero no en un tono negativo. Prevenir antes de lamentar.

Reírse de las locuras que hacen, sacarles fotos para guardarlas en el álbum “para el futuro pololo/a”, tener claro que son agotadores y que se están recién lanzando a la vida.

En algún momento, cuando estén más grandes, dirás ¿por qué no se quedó chiquita? Y te acordarás de mí y de que había que disfrutar antes que todo.

La importancia del juego en la educación

Los juegos son una simulación de la realidad, más simple y divertida. Por ello son ideales para enseñar y explicar contenidos, productos o servicios de forma atractiva, desarrollando habilidades y potenciando talentos.

zuru¿POR QUÉ CON JUEGOS?

El Juego y la Realidad: Cuando jugamos “hacemos de cuenta” que vivimos una situación, aunque mentalmente sabemos que “sólo es un juego”, nuestras emociones y valores se sienten comprometidos.

El Juego es parte esencial de la formación, permite ensayar y aprender nuevas opciones de comportamiento. Sabemos que “no es verdad, sólo estamos jugando”

Entendiendo la movilidad de la educación, las organizaciones y la diversidad existente en nuestro país, cada día surge la necesidad de potenciar y desarrollar nuevas herramientas que desarrollen habilidades en los docentes y colaboradores que permitan  desarrollar habilidades humano relacionales que impacten en transferir competencia transversales a los alumnos,  o trabajar con equipos de manera efectiva, tomar decisiones, negociar, comunicar y liderar entre otras, no solo impactando en el aula o el trabajo,  sino que también en su entorno personal, relaciones interpersonales y  desarrollo.

La transferencia de nuevas competencias transversales es el desafío, ya que  puede mejorar notablemente los resultados si las aplicáramos, la pregunta es ¿cómo poder desarrollarlas? . Para esto creemos que los  protagonistas son los docentes, líderes y colaboradores quienes mueven a los procesos y al país, es en ellos donde debemos poner el foco y entregar herramientas que puedan aplicar en el aula,  como en las organizaciones para desarrollar estas competencias.

Una metodología que está tomando más fuerza con excelentes resultados, es la Gamificación siendo un proceso de aprendizaje que va enfocada en desarrollar habilidades a través de la experiencia y el juego, que nos permite ir de lo general a lo particular, trabajando  competencias disciplinares como transversales, ya que el juego nos permite vivenciar  las buenas y  malas práctica, sin castigo pero siempre aprendiendo. Entendiendo que lo potente que tiene la Gamificación es que el proceso es igual de importante que el resultado final,  donde lo que facilita el aprendizaje es el proceso.  Esto provoca que  la diversidad no sea un problema, sino una oportunidad de constante aprendizaje

Como Zuru nos hemos especializados en esta metodología desarrollando diversas temáticas y una de ellas es la Certificación en la metodología del Juego.
FORMACIÓN INTELIGENCIA EMOCIONAL Y RESOLUCIÓN DE CONFLICTOS. A través del Juego

26 julio Universidad Mayor Sede Manuel Montt

Hoy en día  el concepto “conflicto” ocupa portadas en todos los escenarios, como son los familiares, entre padres, hermanos o entre  padres e  hijos, en nuestras aulas, empresas políticos etcétera.  

Según D. Goleman “Practica de la Inteligencia Emocional”, las personas que manejan los conflictos son personas que:

  • Manejan a las personas difíciles y las situaciones tensas con asertividad  y tacto. 
    • Reconocen los posibles conflictos, sacando a la luz los desacuerdos. 
    • Alientan el debate y la discusión abierta. 
    • Buscan el modo de llegar a soluciones que satisfagan plenamente a todos los implicados.

El término Inteligencia Emocional se refiere a la capacidad humana de gestionar: sentir, entender, controlar y modificar estados emocionales, desarrollando un conjunto de competencias que determinan el comportamiento de un  individuo, sus reacciones, sus actitudes, su estilo de afrontar la vida y de comunicarse, por ende el reconocimiento de las emociones es fundamental  y esto obviamente impacta en la calidad de vida y en la  forma de relacionarse con su entono.

El juego como proceso de aprendizaje:

* Estimula la participación de los estudiantes.

* Simplifica las actividades difíciles.

* Mejora él autoestima

* Motiva la participación constante.

* Crea una retroalimentación positiva

* Promueve la perseverancia y el triunfo.

* Aumenta el compañerismo.

* Ayuda a construir identidad propia.

* Transforma actividades

* Fomenta la comunicación

* Crea ambientes de confianza.

El juego no es sólo juego infantil. Jugar, para el niño y
para el adulto… es una forma de utilizar la mente e,
incluso mejor, una actitud sobre cómo utilizar la mente.
Es un marco en el que poner a prueba las cosas, un invernadero
en el que poder combinar pensamiento, lenguaje
y fantasía.
Bruner, 1984

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#Maternidad Basta de satanizar a los monitos

Si no es Peppa, son los Teletubbies. Si no son los Teletubbies es Xuxa, pero siempre hay alguien que encuentra “satánico” a los monitos animados o a la música de niños.

PeppaSorry, pero si hay algo que me molesta es la satanización de los monitos animados, y no lo digo porque yo dejo a mis hijas pegadas a la tele todo el día, sino porque NUNCA falta la persona que le ve el “sentido” alternativo a una expresión infantil.

Desde un tiempo a esta parte le han dado duro a la pobre Peppa Pig, estudios de la universidad de Timboctú, Macondo y La Chucha señalan que ver Peppa provoca daño neuronal permanente en los padres que creen todo lo que hay en internet -ironía ya…-

Está CIENTÍFICAMENTE COMPROBADO que los niños no deberían ser estimulados a través de la televisión en sus primeros dos años de vida, pero de ahí a SATANIZAR a una pobre chanchita creada, lo más probable, por un grupo de animadores que pensó en realizar una serie familiar y que todos se pudieran reír y sentir representados. Una serie donde los papás son a todo dar, quienes no retan a sus hijos pero les dejan bien en claro cuáles son los límites.

Dónde hay abuelos involucrados en la crianza, una profesora que no obliga a los niños a estar sentados, que los llevan a lugares distintos.

Claro, Peppa la cerdita no es la gran maravilla, no es el mejor mono del mundo. Tampoco Caillou -otro de los que amaba la Sofía-, que es una caricatura candiense que muestra la vida de un niño, común y corriente, que se comporta como un niño COMÚN Y CORRIENTE, y tiene una hermana y papás que, claramente, practican la crianza respetuosa.

Obvio, no podía faltar el estudio de internet que señala que el niño es un malcriado, que lo dejan hacer todo, que es un niño con cáncer y que por eso es pelado, que viven una vida irreal y así un montón de cosas.

Y así sucesivamente van apareciendo inventos de LA INTERNET que dicen una u otra cosa y muchos caen redonditos a compartir y satanizar a los monitos animados.

¿Qué hacer?

Primero, relaje la vena, antes que todo. NO TODO LO QUE HAY EN INTERNET ES CIERTO.

Segundo, si usted quiere filtrar los monitos animados que su hijo ve o no ve, entonces lo único que debe hacer es verlos antes y decidir si va en la línea de su crianza. Lo mismo para todo, incluso para la elección de colegio, no se queje si privilegió un colegio por números (simce, psu, y el número de turno) y después lo tapizan de tareas todos los días (de alguna manera logran esos números).

Tercero, según mi perspectiva, no hay nada peor que prohibir, pero eso queda al criterio de cada uno, entonces, si usted quiere prohibir monos, hágalo, si no quiere, también hágalo. En el fondo, disfrute ese momento de ver monitos, de sentarse a escuchar cómo hablan y las cosas que hablan, de los diálogos. Muchas veces de ahí saco ideas para resolver problemas de mi día a día.

La tele no es mala en si, es mala cuando se utiliza de mala manera, cuando hay un abuso de ella. Lo mismo que los cuchillos: un bisturí puede salvar una vida, y también matarla. Todas las herramientas que tenemos en el día a día son así, pueden ser muy buenas, pero también pueden ser muy malas.
Con un poco de sentido común y criterio la vida será harto mejor.

#Maternidad El día en que dejé de decir “no”

Ha pasado un buen tiempo desde que tomé esta decisión. Me aburrí de escuchar “nos” en mi vida familiar, laboral, personal, en mi pareja. ¿Te has puesto a pensar en la cantidad de “no” que decimos al día? Más de los que tienes plena consciencia.

NOUn día llegué a un artículo en internet que hablaba sobre eso, hablaba sobre la poca consciencia que tenemos de nuestro lenguaje y como este construye realidades. Lo fui notando también en mi hija mayor Sofía que ante cualquier pregunta mía o de cualquier ser humano su primera respuesta era no.
No quiero a acostarme, no quiero caminar, no quiero probar, no quiero soñar, no quiero jugar y así un sin fin de “no”.

Y me pregunté un día ¿cuántos “no” digo en mi vida?

Ahí también me di cuenta de otra cosa: tengo temor a las cosas nuevas que me depara mi vida. Me gusta estar en mi caparazón, tranquiliza, sin que nada ni nadie me moleste. Pero eso también le estaba significando vivir una vida aburrida, monótona, sin ganas de participar en nuevas experiencias. Porque estaba acostumbrada a decir que no a todo.
Cuando logré hacer esta reflexión mi vida dio un vuelco y mi maternidad también. 

Entonces, ¿si no digo “no” como me expreso?

Esta fue mi mayor dificultad, encontrar frases para poder cambiar mis “no”. Aunque suene bonito, estamos tan acostumbrados a hablar en negativo que no nos damos cuenta, no tenemos conciencia de ello. Nos falta tomar consciencia de que nuestras palabras crean realidades y en especial las realidades de nuestros hijos e hijas.

En ese punto noté que la clave está en dar ordenes claras y positivas. Un clásico es decir “no te subas a la mesa” y el bebé ya está arriba comiéndose la mantequilla. En cambio si le dices “bájate de la mesa con cuidado” básicamente asumes que ya está arriba (algo que no se previno) y ahora es hora que se baje.
Si están en un parque todos los niños jugando y tu hijo se sube a un juego más grande en vez de decirle “no te vayas a caer” donde, implícitamente, le dices “que se va a caer” dile “afírmate y ten cuidado” porque así le transmites confianza y libertad para jugar.

En casa de cocinero hay mil cuchillos y así es nuestra casa. ¿Sabías que Sofía ya sabe usar las puntillas de Feña? Si, unos pequeños cuchillos filosos. Y a pesar de que están a la mano ella y tampoco la Olivia los utilizan, ni sacan.

Les enseñamos todos los días que ellas pueden utilizar las cosas pero debe ser con cuidado. Ese es el único pero.

¿Qué sacamos con pasar prohibiendo si al fin y al cabo los niños consiguen hacer lo que “ellos quieren”? Ese es el punto, no se trata de que hagan lo que quieran, sino que darles la confianza y libertad para que ellos se sientan parte de una familia. Para eso ayuda el lenguaje positivo: para generar confianza.
Niños más confiados = niños menos accidentados y con mejores experiencias de vida.

#Maternidad No sé que esperas de tu bebé

Caras locas
Recuerdo cuando hice el título de este post estaba tan indignada, tan pero TAN indignada que tenía que escribir. El tema esque por cosas del destino no pude escribir ese día, entonces simplemente se fue decantando esa rabia. rabia.Ahora voy a explicar por qué tengo/tenía

Me he dado cuenta, con el tiempo que paso en redes sociales (no es que deje a mis hijas tiradas por ahí saltando arriba de la cama, llenas de mocos y con los pañales sucios, no, trabajo como community manager por ende, en mi horario de oficina, estoy muchas horas en redes sociales), que invierto en ayudar a algunas mamás que necesitan un poco de apoyo, contención o quizás un paipe (expresión para decir: “un remezón”), que la maternidad es un mundo complejo de entender.

Tan complejo que ni siquiera yo logro descubrirlo (mi propia maternidad es un cúmulo de preguntas, dudas, respuestas, análisis diario). Cuando escribo aquí es una forma de desahogo de mi mente que busca las mil y un explicaciones de este complejo mundo llamado “maternidad”.

Pero si me he cuestionado que una como madre espera muchas cosas de los bebés. No sé si es por efecto macabro de la publicidad, porque nos quisimos hacer un “mundo ideal”, porque nos contaron que la maternidad es maravillosa, que es “el amor más grande del mundo”. Porque quisimos seguir a las películas gringas, que muestran guaguas tranquilas, que no se mueven, que no lloran, que usan chupete o que no se mandan embarradas.

Esperamos que los bebés se comporten como adultos ¿Qué curioso no?

IMG_9242Me ha tocado leer a varias mamás (en algún momento yo también estuve en ese grupo) decir: es que mi bebé no para de llorar, es que mi bebé se mueve y no sé que tiene, es que mi bebé está metiéndose la mano a la boca, es que mi bebé mamá más que el manual que me entregaron a la salida de la clínica, que mi bebé hace la caca hedionda (no, sorry no huele a flores), es que mi bebé quiere brazos y no pesca su cuna/mecedora/moisés (que yo compré con los ahorros que muchas veces una no tiene), es que mi bebé no quiere dormir toda la noche (graaaaan mentira de la maternidad, de algunos profesionales de la salud), es que mi bebé no se da con otras personas (galla: pasó la NO despreciable suma de 40 semanas en tu vientre).

Y a todas aquellas que tienen bebés, por lo general, sanos (obvio, hay EXCEPCIONES a todas las reglas), les cuento que es LO más normal del mundo.

Los bebés recién nacidos vienen de un hermoso mundo intrauterino, donde los latidos de la mamá son lo que más escuchan y lo que sienten conectados es eso, calor materno, y de repente salir al mundo más o menos hostil, donde todas las personas que te rodean tiene algo que decirte, más o menos, todos quieren decirte cómo funcionan los bebés y entre el puerperio, las hormonas locas, aceptar la “nueva vida” que se viene, es difícil entender que este mundo de “Bilz y Pap” que la publicidad dice que son las madres no es tal.

Que muchas veces es difícil preparar comida porque no hay tiempo, que te has olvidado de ir al baño, que no tienes idea como es que la comida llegó a tu ropa. Y un sinfín de preguntas sin respuesta que podrías estar todo el rato pensando.

Y también te das cuenta que esperas muchas cosas de tu bebé que nunca fueron verdad (o que en el fondo están alejadas de la realidad): que dormirá como un angelito, que tu cuerpo volverá a ser el mismo, que te verás fresca y renovada caminando con tu bebé en el coche, que podrás darte un baño de tina, que como nunca te sentirás feliz y exultante de amor (no siempre es así, muchas veces te preguntas dónde está ese amor de tele), que podrás dejar a tu bebé encargado CASI con cualquier ser humano, que tendrás siempre brazos para apoyarte (algo que muchas veces no es así, la gran mayoría).

Y, entonces ¿qué espero?

Nada. Lo mejor es aprender a vivir la realidad, a disfrutar la locura de ser madre, aprender a conocerte y a conocer a este ser humano que trajiste al mundo. A disfrutarlo con todo. Y el conocimiento es poder, infórmate, fórmate y aprende.

#Maternidad Normalidades y anomalidades

Las “normalidades” es algo que me intriga, desde siempre. Pero me intrigan aún más cuando hablamos de niñas, niños, bebés, familia. ¿Por qué nos preguntamos si “nuestro hijo es normal”?

Algo que nunca pasará de moda: la caja de cartón
Algo que nunca pasará de moda: la caja de cartón

Como muchas veces les he contado participo de varios grupos de maternidad en Facebook y una de las preguntas que más se repite es “si mi hijo es normal”, si así como usted lo lee (yo también lo he preguntado muchas veces, antes de empoderarme en mi rol materno). ¿Por qué nos cuestionamos si la conducta de un niño es normal o anormal?

La respuesta para mi es muy simple: estamos inmersos en una sociedad que nos exige muchísimo, tanto a las familias, a las madres, nos exige perfección, cumplir con protocolos, cumplir con horarios y así también se lo exigimos a los niños: niños, que desde recién nacidos, se comporten a la perfección, que no lloren, que no pataleen, que no se expresen, solo que jueguen sin ensuciar.

Si usted es de esas personas que cree que los niños deben comportarse protocolarmente le cuento algo: SON NIÑOS. Y los niños en general se comportan como niños, porque para aprender a ser adultos primero debemos aprender a ser niños. 

¿Por qué cree usted que hay tanta gente con trancas emocionales? Es verdad, porque hay una generación de adultos que se saltaron ser niños y peor aún están generando que otros niños dejen de vivir como niños.

La sociedad te dice que los niños deben ser tranquilos, calmados, te exige que si tu hijo tiene una pataleta lo lleves al neurólogo, que te gastes lo que no tienes en medicamentos, porque a los 3 años tu hijo no puede tener una pataleta. Y ahí volvemos a la pregunta que comenzó este post ¿qué es lo normal?

Lo normal es que un bebé llore para comunicar que tiene hambre, que necesita cambio de pañal, que quiere brazos, que quiere cariño. ¡OH DESCUBRIMOS AMÉRICA! Los bebés también piden afecto. Piden el olor de su mamá cerca porque estuvieron con ella 9 meses. Lo normal de un bebé es que muchas veces no tengas tiempo para tener tu casa brillante y tengas un montón de platos acumulados en la cocina. Lo normal es que tengas comida en tu ropa. Lo normal es que no puedas dormir por un buen tiempo. Lo normal es que muchas veces no tengas tiempo para comer. Es normal que babeen porque están desarrollando su cuerpo. Es normal que quieran estar pegados al pecho todo el día porque no solo reciben alimento, sino también cariño, confort, calorcito.

De come mocos a come tierra
De come mocos a come tierra

Lo normal en un niño es que te exija toda tu atención, que muchas veces tengas que correr detrás de él cuando comenzó a caminar porque no encuentra nada más divertido que correr, es normal que se suba a todos los muebles y tengas que ponerle protección a los balcones y ventanas. Es normal que no quiera comer, porque en general prefieren jugar. Es normal que comiencen a morder porque GUAU! DESCUBRIERON QUE TENÍAN DIENTES, y claramente están aprendiendo para qué sirven (a mi también me gustaría que en vez de morder a sus compañeros del jardín mordiera una fruta). Es normal que te pregunten por qué y para qué, y que esa pregunta nunca tenga una respuesta lo suficientemente contundente para saciar sus ansias de aprender. Es normal que lloren cada vez que los “dejas encargados” porque para ellos la vida sería ideal al lado de mamá 24/7. Es normal que las niñitas peleen con la mamá por su papá y los niñitos peleen por su mamá con el papá, se llama complejo de Edipo (en hombres) y complejo de Electra (en niñas).

Es normal que salten y tengan pataletas, es normal que quieran jugar todo el día porque así es como se forma el ser humano, así es como se forman los adultos. 

Para mi no existe lo anormal. O como dijo el doctor de cabecera de esta familia de locos cualquier malformación o anormalidad de los niños va acompañada de otras malformaciones, nada viene solo. 

Usted mamá relaje la vena, que los niños serán niños un corto tiempo. Disfrútelos.

#Maternidad Con el pecho inflado

Sofía y sus locuras
Tenida para dormir

Siempre he creído y creo firmemente que tengo una hija espectacular (Si, como el 99,9% de los padres – no dudo que existan padres que crean que sus hijos casi son una maldición) y que más encima es una de las niñas que ha tenido mejores avances en el jardín.

Muchos conocen mi historia, retomé mis estudios en la Universidad cuando la Enana tenía 8 meses, la inscribí en la sala cuna que estaba cerca de la casa donde, en ese entonces, vivía. Un jardín que es Intercultural, donde no le apuran los procesos a los niños, donde respetan mucho las decisiones, pero también donde siguen mi propia filosofía de vida.

La sufrí, lo reconozco. Fue duro y penca, porque sentía mucha culpa por tener que dejarla “abandonada” en la Sala Cuna, cuando yo igual tenía tiempo, pero necesitaba estudiar. Era algo más fuerte que mi. Necesitaba terminar ese proceso que había comenzando en 2007.

Lo pasamos mal los primeros meses, entre la culpa, los resfríos, las malas ondas, correr con la Sofía a la Universidad en brazos, conseguir alguien buena onda y paleteada como mi amiga Javiera que la cuidara en esos días que tenía clases en la noche, mi mamá que la cuidaba cuando yo aún no llegaba, la Sofía pequeña y rechoncha que no se dormía hasta que yo llegara a embutirle la pechuga, los profes más que buena onda, que aún tengo en mis lista de buenos deseos, que me dejaban entrar con la Sofía a clases, incluso más de alguno me hizo clases cortas para que la Sofía no sufriera tanto. En fin. Sin contar que el año siguiente tuve que trabajar, estudiar y SER MAMÁ.

Si, fueron decisiones duras, complicada y complejas. Pero creo no arrepentirme de ellas.

Menos ahora cuando finalizando la educación parvularia la Sofía es una niña independiente (en el sentido de autonomía y de saber qué es lo que quiere de la vida), compañera de su madre y de su padre.

Esto a raíz de la conversación que tuve con la educadora de la Sofía donde me quedo claro que Sofía es una niña genial, que tiene opinión, que es participativa, que sabe lo que quiere y lo que no, y lo mejor es que sabe POR QUÉ NO o POR QUÉ SI.

En estos casos el trabajo en casa se nota, pero también el de las tías, que abnegadamente le aceptan sus maña, pataletas, sus salidas locas como también sus miradas inquisidoras de “por qué me lo preguntas, eso deberías saberlo tú, yo ya lo sé”, y sus a-ha (estilo Minny Jackson, de The Help)

Nada pues, sólo decir que tengo el pecho inflado de orgullo de reafirmar lo que yo ya sabía: que tengo a la mejor hija del mundo.

Ya, les dejo un video de la Sofía y sus cabezas de pescado.