Ser mamá, ser trabajadora.

Mi referente es mi mamá, quién a los 17 años se casó -con el que es mi papá- tuvieron “una camada” de tres hijos hombres y después de 18 años del último de ellos nací yo.

sonríe mangelMi mamá no “trabajó” formalmente -lo hizo cuando cumplí 16 años hasta que nació mi hija menor-, se dedicó a criarnos y a formarnos -aunque con mis hermanos se condoreó harto-. Mi papá era quién llevaba el sustento al hogar. Nunca tuve previsión, consciencia de contrato, siempre “consiguiéndonos bonos” para poder ir al médico. Obligó a mis hermanos a trabajar desde chicos y en mi caso, conmigo no se metió porque “era la mujer”.

Terminé de estudiar, salí de cuarto medio y de los cuatro hermanos que somos, solo dos entramos a la U, yo fui la única que terminó los cinco años (aún no me titulo, ya lo haré).

En medio de mi carrera quedé embarazada, los comentarios que escuché fueron: te cagaste la vida, ahora te costará todo, seguirás con tu carrera?, cómo lo vas a hacer para estudiar? y un suma y sigue de frases típicas.

¿Me costó? Muchísimo, el puerperio a los 21 años, junto con la carga emocional de “ser la promesa de la U” y haberse “cagado la vida” y más encima tener que criar una hija sola, sin el apoyo del progenitor (no me refiero a dinero), fue fuerte.

Cuando salí a trabajar me hicieron la clásica pregunta: ¿y cómo lo haces con tu hija? ¿quién te la cuida? ¿va al jardín? ¿quieres tener más hijos? y yo solo tenía 24 años.

Todas las mañanas salía a las 7:30 del departamento en Santiago Centro a dejar a mi hija a Peñalolén, a su jardín, que se quedara en extensión horaria hasta las 18 hrs. luego una apoderada del colegio la tomaba y la llevaba a su casa hasta que yo llegara a las 20 hrs. aprox a buscarla y así devolvernos a Santiago Centro. Todos los días por dos años si mal no recuerdo. Así también lo hice en bicicleta para aprovechar de moverme de otra manera.

trabajandoEn ese camino quedé embarazada de mi segunda hija. En el trabajo me dijeron -cito textual-: ¿te felicito o te doy el pésame? -no le tengo rencor a esa persona, al revés, fue un momento anecdótico-.

Y así tuve a mi segunda hija, entre el trabajo y mi hija mayor. Yendo y viniendo, intentando que las hormonas no me la ganaran y que no deseara ser “una mantenida” como mi mamá que estuvo toda la vida con mi papá -hasta los 15 años cuando salió a buscar pega, encontró, tuve Fonasa y pude comprarme un bono a mi nombre y no mendigarlo a nadie-.

Viví el famoso post natal de 6 meses, que en realidad fueron 5 y medio y pude extenderlo un poco más por mis vacaciones.

Viví el no recibir la plata de tu licencia médica porque aún no llegaban los papeles.

Luego de eso, viví el extraerme leche en el baño, porque ¡vamos! no me iban a pasar la oficina de reuniones para eso, porque tampoco lo pedí porque “ya incomodaba mucho siendo mujer y siendo mamá”. Viví el tener las pechugas llenas de leche en la pega y tratar de terminar pronto para poder ir donde las niñas porque no daba más del dolor y que justo me saliera un trabajo urgente o algo que terminar pronto.

Me cambié de pega y luego me echaron.

Volví a vivir ir a entrevistas y que me preguntaran ¿cómo lo haces con tus hijas? ¿el papá te apoya? ¿quién te las cuida? Pasó el tiempo y nadie me llamaba. Tuve que “emprender” y trabajar de manera independiente. No me quedó de otra, las lucas no daban vivir con un sueldo. Y hasta el día de hoy agradezco haberlo hecho, de lo contrario mi situación sería otra.

Hace casi dos años, me ofrecieron volver a trabajar en oficina, algo que me rehusaba por mi dinámica familiar, convengamos que ser mamá full time y emprender no era fácil, sin contar que me gusta poder hacerme cargo de mis hijas. Pero justo comencé a vivir el proceso de mi separación, algo bien caótico, por decirlo así. Fue bien terrible todo.

Comencé a fallar en todo lo que hacía, comencé a perder el rumbo y lo único que recibí fue un “vuelve a lo que eras”, mientras alrededor mío todo se desmoronaba. Fue bastante terrible trabajar, cuidar a mis hijas, sentirme en un caos emocional, sentir que en cualquier momento perdía la pega porque no lograba concentrarme. No daba más. Mi salud mental y la de mis hijas estaba primero. Tuve que tomar licencia, mi cabeza no daba más.

Así fue cuando comprendí que las empresas son masculinas, aunque el líder sea mujer. Desean y te exigen estar bien todos los días, aunque cuando llegues a casa te pongas a llorar porque tu vida no da más, porque todo lo que está pasando alrededor tuyo es lo peor. Aunque te levantas y no sabes qué hacer porque sinceramente todo es un caos. El peor de los caos.

Un mes y medio fuera y cuando vuelvo, al día siguiente, me dicen “que no me necesitan” por necesidades de la empresa. Ok. Llorando me despido de mis compañeros porque tuve que mamarme ese momento incómodo porque, en el día de la salud mental, me despiden después de una licencia psiquiátrica. Gracias a Dios estaba empastillada porque de verdad hubiera sido realmente terrible.

¿Esto le sucedería a un hombre? ¿a un hombre lo harían despedirse de todos sus compañeros al día siguiente de volver a una licencia? ¿un hombre se pondría a llorar frente a todos porque lo echaron de lo que era su principal sustento?

Fue complejo y sigue siendo complejo, la vida me la puso cuesta arriba, y durante varios meses me cuestioné muchas cosas, que si debía o no tomarme la licencia, si debía o no priorizar a mis hijas -que lo estaban pasando pésimo-, si debía o no rehacer mi vida, porque después de casi dos años se me estaba pasando por la cabeza el hecho de “estar con alguien”. Si iba o no a encontrar pega de nuevo.

Mis hermanos le dijeron a mi mamá que yo debía volver a la casa materna, porque para qué, si así ahorro plata y me dedico a criar a las niñas. Yo dije ¿qué onda mis hermanos?.

En el sigo XXI en el que supuestamente vivimos aún vemos como indefensas a las mujeres, incapaces de pagar las cuentas, como débiles si nos da depresión, que no rendimos como rendíamos en el trabajo, que somos histéricas si nos quejamos. Aún en el mundo de hoy en día las empresas te exigen ser hombre y rendir como hombre, porque necesitamos producir.

No volví a la casa de mi mamá. No abandoné mis sueños. No dejaré de ser mamá y menos DEJARÉ DE SER MUJER Y TRABAJADORA.

En el día de la mujer 2020 espero y deseo que a las mamás y trabajadoras se nos respete como seres humanos, no como máquinas de producción. Que es terrible sentir que perderás eso que alimenta a tus hijas, porque sabes que la pensión de alimentos no es lo que realmente tus hij@s gastan y que no andas por la vida haciéndote las uñas con eso.

Cómo ser mamá-freelance y no morir en el intento

Creo que ya les había contado: en Octubre recibí mi sobre azul. 

Siempre había trabajado en empresa, no me funcionaba eso de ser freelance porque ¡vamos! soy super poco organizada, y trabajando con dos me imaginaba en el peor de los casos.

La verdad es que no me quedó de otra.

Cuando recibí mi sobre azul, tomé todos los resguardos necesarios para estirar la plata lo máximo posible, también tomé los beneficios de mamá Estado que me servían. Actualicé mi ridículum y me puse a buscar cuánto anuncio buscando community manager hallé. Por supuesto entendiendo que no iba a encontrar una pega tan buena como la que tenía (trabajaba media jornada 10 a 15 hrs, con más sueldo que mi anterior trabajo horario completo).

Fui al menos a tres entrevistas. A parte de sentirme taaaaan niña, recién salida a la vida laboral, me di cuenta que el horario en que trabajamos los chilenos es tan largo. Por lo bajo el horario era de 9 a 7, salir los viernes a las 2 o 3. 

Mamá freelance
Uniforme de trabajo, también trabajo en pijama, pero evito hacerlo.

Con esos antecedentes descarté absolutamente me vuelta al mundo laboral “real”. Por que, a pesar, de que sé que muchas de ustedes que me leen viven en ese horario, turno, condiciones absolutamente pencas, no podía darme el lujo de salir a trabajar, dejar a las niñas viviendo full time en casa de mi mamá, haciéndola ella encargada de mis hijas -por que a pesar de que le pago a mi mamá, el gasto es muchísimo menor que pagarle a una persona que esté en la casa-, para que además aumentara mi nivel de estrés por la fibromialgia, por supuesto aumento de mi fibromialgia, y un laaargo etcétera.

Y no es que sea una porfía mía, pero Fernando dos semanas después entró a trabajar en el proyecto que llevaba esperando hace meses y que, hasta el día de hoy, lo tiene recibiendo llamadas a las 9 am, llegando a las 2 am, solo con los lunes libres -hasta por ahí, porque se dedica exclusivamente a enviar mails-. ¿Se imaginan el caos familiar?

No, definitivamente no podía.

Nea Agostini
En el Evento de Lanzamiento de Nea Agostini… obvio, ahora tengo tiempo para ir a eventos y no pedirle permiso a nadie.

Pero, paré y me dije: ¿si trabajo freelance? Olivia va al jardín, Sofía al colegio, tengo un tiempo para estar en casa y poder trabajar de mejor manera con los clientes que ya tenía.

Muchos amigos me ayudaron pasando el dato que iba a trabajar desde la casa y así me armé mi cartera de clientes.

Y ahora, ¿¡QUÉ RE CHANGOS HAGO PARA ORGANIZARME!?

Así mismo me dije cuando me metí en la pata de los caballos. Y así nació esta lista.

  1. Tener clara tu situación ante el SII: es decir que puedas emitir boletas para cobrar tu trabajo
  2. Disponer de un lugar que sea como tu oficina: al comienzo yo me sentaba en la mesa del comedor y ponía la tele y todo eso. Hasta que me di cuenta que no era correcto, porque haces que tu mente siempre esté en modo trabajo, incluso cuando comes. Si tienes un rincón, idealmente comprarte un escritorio, silla cómoda, insumos de papelería. La idea es que sea tu oficina.
  3. Tener claros tus horarios de trabajo -dejárselos claros a tus clientes-: establecer un horario, ya sea en el compatible con la sala cuna o colegio, dedicar algún tiempo en la noche, etc. Siempre tener claro que ese es tu momento para trabajar.
  4. No sobrevenderte: quién mucho abarca poco aprieta. Tener un objetivo claro de sueldo, cuántos clientes puedes llevar sin colapsar. Recuerda que -aunque suene re machista, pero es la PUTA CRUDA VERDAD- las mujeres nos llevamos el peso de la casa y los niñ@s, a menos que converses con tu pareja/marido/pierno/pierna un horario en que él se encargue de los niño@s mientras tu haces tu pega.
  5. Haz lo que sabes hacer y cobra lo que tienes que cobrar: gente rata existirá siempre, SIEMPRE. Y por eso, debes dedicarte a lo que sabes, y si todavía no sabes, todos somos buenos para algo y puedes descubrirlo en el camino, pero evita al máximo hacer algo que no te gusta, por que tu calidad del trabajo se ve afectada y se nota. Y si te piden rebajas, ponlos en su lugar. Si no quieren trabajar contigo por cara, no importa, por uno que se vaya, dos vienen, porque saben que eres buena.
  6. Ten una libreta guía, agenda, calendario: es necesario para poder saber qué hacer, cómo hacerlo y para qué cliente. Muchos trabajamos con muchos clientes y todos te piden reuniones. Por eso es bueno saber cuáles son tus horarios disponibles.
  7. Ten algún apoyo: mamá, abuela, tía, tío, abuelo, señora del aseo… lo que sea. Porque si o si en las vacaciones de los niños necesitas tener espacios para el trabajo. En mi caso, mi santa madre viene todos los días a casa, me encierro en la oficina y voy parando para el almuerzo, ayudarla a dormir a Olivia, ayudar a Sofía a encontrar alguna cosa. Poco a poco las niñas han aprendido a respetar mi espacio de pega.
  8. Hace ejercicio: Si, como lo lees, hace ejercicio, busca clases de zumba, sale a andar en bicicleta, caminata, ejercicio funcional, lo que sea, porque estar en casa deprime ene, en especial si eres mamá trabajadora que se quedó sin pega y cero posibilidad de entrar a una empresa grande. El cuerpo, cuando estás en casa, tiende a mantenerse más en reposo y cuando tienes masa muscular tienes más ánimo para hacer cosas y obvio… trabajar.
  9. Mantén tus equipos de trabajo en buenas condiciones: es un costo que antes asumía tu empresa y ahora debes asumirlo tú. Pero vale la pena.
Y lo mejor: ver a las enanas hacer sus locuras en casa.
Y lo mejor: ver a las enanas hacer sus locuras en casa.
¿Te dijeron que trabajar en casa era fácil?

Emmm… no, pero tiene muchos beneficios: poder desayunar tres veces y no tener que verle la cara a un jefe, almorzar en casa, salir a trabajar al patio, balcón, poder ir a comprar el pan, llevar a tus niñas al parque a la hora que desees, escribir un blog, ordenar tu pega para tener todo un día dedicado a las niñas, familiares. Poder salir tranquila a una reunión con amigos. Enfermarte y trabajar en cama. Escuchar la música que desees o ver películas o series. Tomar una siesta. Ufff.. así suma y sigue.

¿Agregarías algún tip?

 

#Maternidad Esos difíciles días cuando conciliar no es fácil

Yo en esos días buenos… porque en los malos ni una foto me saco, jajaja

Nadie nunca dijo que ser mamá es fácil. Pero ser mamá, trabajar e intentar mantener el equilibrio en la cuerda floja tampoco es fácil, y si bien hay días en que todo sale bien, hay algunos que hace repensar todo lo que estás haciendo.

Hace un par de días tuve una de esas crisis en que me hubiese gustado dejar todo tirado, mandar todo al carajo, pega, casa, Transantiago, amigos… todo, literalmente. No es fácil, porque muchísimas veces no descanso, no tengo un tiempo para ver una serie sola, más de alguna vez me cuesta sentarme a almorzar tranquila en la pega (porque como varios, me siento a almorzar frente al computador). Otras tantas cuando llego a casa tengo que preparar once y las niñas están tan cansadas de ir y venir que aguantan un rato en la mesa y luego se quieren dormir.

Y mi tazón de té y mi pan me miran a lo lejos. Y mi estómago me avisa que llevo 3 horas sin comer. Y recuerdo que en el trabajo dejé pega pendiente, que tengo que resolver un tremendo atado, o simplemente que no tengo ropa limpia y planchada para el día siguiente.

Hay días en que me siento como en una batalla: una batalla para levantar y vestir a la Sofía, batalla para poder comer una fruta en ayunas (y que mi cuerpo funcione mejor de lo que normalmente hace), una batalla para que Olivia se vista tranquila, una batalla para salir a la hora de la casa, una batalla para poder coordinar mi trabajo y la hora con el psicólogo o con algún trámite que justo tengo que hacer, una batalla con mis piernas para que se muevan un poco más rápido. Una batalla con mi mente, que está cuestionando todo lo que hago, a pesar de que trato de dejarla apagada.

Y bueno… a todas nos ha pasado

Así pasan estos días, me cuestiono, me doy vueltas una y otra vez en solucionar y en bajar la carga, pero mi mente me obliga a rendir, a pesar de que mi cuerpo no da más.

Estos son los días en que me pregunto por qué estudié lo que estudié, por qué trabajo en lo que trabajo, por qué decidí ser madre, por qué decidí estar en pareja con Feña. Y así me la paso todo el día.

Hasta que logro parar. Me miro al espejo y recuerdo: “está fue la vida que decidí vivir, disfrútala”.

Y como diría el meme… “LUEGO SE ME PASA”.

Y continúo con mi mantra: “Amo ser mamá, amo trabajar, amo estar enamorada de Feña, amo a mi familia, amo las cosas buenas y también las malas, porque esas son las que me hacen aprender”