Cómo ser mamá-freelance y no morir en el intento

Creo que ya les había contado: en Octubre recibí mi sobre azul. 

Siempre había trabajado en empresa, no me funcionaba eso de ser freelance porque ¡vamos! soy super poco organizada, y trabajando con dos me imaginaba en el peor de los casos.

La verdad es que no me quedó de otra.

Cuando recibí mi sobre azul, tomé todos los resguardos necesarios para estirar la plata lo máximo posible, también tomé los beneficios de mamá Estado que me servían. Actualicé mi ridículum y me puse a buscar cuánto anuncio buscando community manager hallé. Por supuesto entendiendo que no iba a encontrar una pega tan buena como la que tenía (trabajaba media jornada 10 a 15 hrs, con más sueldo que mi anterior trabajo horario completo).

Fui al menos a tres entrevistas. A parte de sentirme taaaaan niña, recién salida a la vida laboral, me di cuenta que el horario en que trabajamos los chilenos es tan largo. Por lo bajo el horario era de 9 a 7, salir los viernes a las 2 o 3. 

Mamá freelance
Uniforme de trabajo, también trabajo en pijama, pero evito hacerlo.

Con esos antecedentes descarté absolutamente me vuelta al mundo laboral “real”. Por que, a pesar, de que sé que muchas de ustedes que me leen viven en ese horario, turno, condiciones absolutamente pencas, no podía darme el lujo de salir a trabajar, dejar a las niñas viviendo full time en casa de mi mamá, haciéndola ella encargada de mis hijas -por que a pesar de que le pago a mi mamá, el gasto es muchísimo menor que pagarle a una persona que esté en la casa-, para que además aumentara mi nivel de estrés por la fibromialgia, por supuesto aumento de mi fibromialgia, y un laaargo etcétera.

Y no es que sea una porfía mía, pero Fernando dos semanas después entró a trabajar en el proyecto que llevaba esperando hace meses y que, hasta el día de hoy, lo tiene recibiendo llamadas a las 9 am, llegando a las 2 am, solo con los lunes libres -hasta por ahí, porque se dedica exclusivamente a enviar mails-. ¿Se imaginan el caos familiar?

No, definitivamente no podía.

Nea Agostini
En el Evento de Lanzamiento de Nea Agostini… obvio, ahora tengo tiempo para ir a eventos y no pedirle permiso a nadie.

Pero, paré y me dije: ¿si trabajo freelance? Olivia va al jardín, Sofía al colegio, tengo un tiempo para estar en casa y poder trabajar de mejor manera con los clientes que ya tenía.

Muchos amigos me ayudaron pasando el dato que iba a trabajar desde la casa y así me armé mi cartera de clientes.

Y ahora, ¿¡QUÉ RE CHANGOS HAGO PARA ORGANIZARME!?

Así mismo me dije cuando me metí en la pata de los caballos. Y así nació esta lista.

  1. Tener clara tu situación ante el SII: es decir que puedas emitir boletas para cobrar tu trabajo
  2. Disponer de un lugar que sea como tu oficina: al comienzo yo me sentaba en la mesa del comedor y ponía la tele y todo eso. Hasta que me di cuenta que no era correcto, porque haces que tu mente siempre esté en modo trabajo, incluso cuando comes. Si tienes un rincón, idealmente comprarte un escritorio, silla cómoda, insumos de papelería. La idea es que sea tu oficina.
  3. Tener claros tus horarios de trabajo -dejárselos claros a tus clientes-: establecer un horario, ya sea en el compatible con la sala cuna o colegio, dedicar algún tiempo en la noche, etc. Siempre tener claro que ese es tu momento para trabajar.
  4. No sobrevenderte: quién mucho abarca poco aprieta. Tener un objetivo claro de sueldo, cuántos clientes puedes llevar sin colapsar. Recuerda que -aunque suene re machista, pero es la PUTA CRUDA VERDAD- las mujeres nos llevamos el peso de la casa y los niñ@s, a menos que converses con tu pareja/marido/pierno/pierna un horario en que él se encargue de los niño@s mientras tu haces tu pega.
  5. Haz lo que sabes hacer y cobra lo que tienes que cobrar: gente rata existirá siempre, SIEMPRE. Y por eso, debes dedicarte a lo que sabes, y si todavía no sabes, todos somos buenos para algo y puedes descubrirlo en el camino, pero evita al máximo hacer algo que no te gusta, por que tu calidad del trabajo se ve afectada y se nota. Y si te piden rebajas, ponlos en su lugar. Si no quieren trabajar contigo por cara, no importa, por uno que se vaya, dos vienen, porque saben que eres buena.
  6. Ten una libreta guía, agenda, calendario: es necesario para poder saber qué hacer, cómo hacerlo y para qué cliente. Muchos trabajamos con muchos clientes y todos te piden reuniones. Por eso es bueno saber cuáles son tus horarios disponibles.
  7. Ten algún apoyo: mamá, abuela, tía, tío, abuelo, señora del aseo… lo que sea. Porque si o si en las vacaciones de los niños necesitas tener espacios para el trabajo. En mi caso, mi santa madre viene todos los días a casa, me encierro en la oficina y voy parando para el almuerzo, ayudarla a dormir a Olivia, ayudar a Sofía a encontrar alguna cosa. Poco a poco las niñas han aprendido a respetar mi espacio de pega.
  8. Hace ejercicio: Si, como lo lees, hace ejercicio, busca clases de zumba, sale a andar en bicicleta, caminata, ejercicio funcional, lo que sea, porque estar en casa deprime ene, en especial si eres mamá trabajadora que se quedó sin pega y cero posibilidad de entrar a una empresa grande. El cuerpo, cuando estás en casa, tiende a mantenerse más en reposo y cuando tienes masa muscular tienes más ánimo para hacer cosas y obvio… trabajar.
  9. Mantén tus equipos de trabajo en buenas condiciones: es un costo que antes asumía tu empresa y ahora debes asumirlo tú. Pero vale la pena.
Y lo mejor: ver a las enanas hacer sus locuras en casa.
Y lo mejor: ver a las enanas hacer sus locuras en casa.
¿Te dijeron que trabajar en casa era fácil?

Emmm… no, pero tiene muchos beneficios: poder desayunar tres veces y no tener que verle la cara a un jefe, almorzar en casa, salir a trabajar al patio, balcón, poder ir a comprar el pan, llevar a tus niñas al parque a la hora que desees, escribir un blog, ordenar tu pega para tener todo un día dedicado a las niñas, familiares. Poder salir tranquila a una reunión con amigos. Enfermarte y trabajar en cama. Escuchar la música que desees o ver películas o series. Tomar una siesta. Ufff.. así suma y sigue.

¿Agregarías algún tip?

 

#Maternidad Las veces que me dan ganas de salir corriendo

¿Te ha pasado que hay días en que sientes un impulso de tomar las llaves de la casa y salir corriendo? ¿Dejar todo tirado atrás y solo correr, sin parar, hasta llegar a un punto X dónde no tengas que pensar?

salir corriendoDesgraciadamente no me ha pasado una, ni dos, ni tres veces. Son muchísimas las veces en que me digo ¿PARA QUÉ HAGO ESTO?, en todo sentido de la palabra y contexto. En el trabajo, en la familia, con las niñas, con mis amigos.

Si, porque me dan ganas de salir corriendo y mandar a mucha gente a la punta del cerro. Me han dado mil veces ganas de dejar a las niñas atrás cuando están en plena pataleta o cuando ya no entran en razón. Y venga la mamá perfecta a decirme que es porque “no me impongo”, “por qué no mando” y no se trata de eso. Hay veces que no dormí lo que realmente quería dormir. Hay días en que mi almuerzo es un revoltijo de cosas, muchas veces he almorzado parada, otras tantas de verdad necesitaba un poco de silencio para ordenar mi mente.

Otras tantas es porque me faltan brazos. Fernando trabaja por turnos, y las familias que vivimos por turnos son difíciles. La convivencia así no es siempre la mejor. No es fácil no verse una semana, luego verse otra, que los días libres de él no sean los mismos que los míos, no compatibilizar “agenda” durante una semana, al otra ser una familia relativamente normal.

No, no es fácil.

Y son esos momentos los que me hacen sentir ese impulso de querer salir corriendo y dejar todo, pero todo tirando durante un rato. Salir a tomar aire y no mirar atrás porque me da lata, porque quiero que mi mente deje de pensar algunos minutos del día en que falta en la mochila de la Sofía, si mandé o no los pañales de la Olivia, si la sábana del jardín está o no planchada, si quedó o no ropa en la máquina, si llevo o no almuerzo al trabajo.

Solo quiero eso, dejar de pensar un poco. 

Y si, también quiero huir un par de minutos al día.

Hace un tiempo veía el Omnium en los Juegos Olímpicos de Brasil y me sentí tan pero tan falta de bicicleta. Antes andaba para todas partes, acarreaba a las niñas de aquí para allá. Pero un par de fallas técnicas me dejaron sin bicicleta hasta nuevo aviso. Y ahí está la pobre Joyita, desarmada en el cuarto de la ropa y la Juanita en casa de mi mamá desarmada. Así… dos bicis descuartizadas por, ya ni me recuerdo qué motivo.

Me desmotivé y sentí mal. Ahí me di cuenta de la cantidad de cosas que dejo de hacer por otros. Pero no estoy arrepentida, sino que necesito volver a hacerlas con mis hijas.

Algunas veces solo me gustaría dejar de sentir esa sensación de querer salir corriendo, ya sé que pasará, que mañana será un nuevo día, pero por ahora quiero no huir.

Si te sientes así, con ganas de huir, es NORMAL. Todas las mamás lo vivimos, como todos los seres humanos. También necesitamos tomar una distancia para poder apreciar lo que tenemos e ir mejorando.

Ayer le escribí a una conocida: la maternidad es una herramienta poderosa de transformación, para quienes queremos verla así. No se trata de calificarnos de buenas o malas madres, sino que quienes vemos la maternidad desde un lado pro-positivo, podemos lograr grandes cosas, desde hacer que tus hijos sean unas mejores personas como también de transformarse uno mismo en una mejor versión de uno. De aprender a cuestionarnos nuestro rol de manera diaria para así generar cambios.