#Maternidad Las veces que me dan ganas de salir corriendo

¿Te ha pasado que hay días en que sientes un impulso de tomar las llaves de la casa y salir corriendo? ¿Dejar todo tirado atrás y solo correr, sin parar, hasta llegar a un punto X dónde no tengas que pensar?

salir corriendoDesgraciadamente no me ha pasado una, ni dos, ni tres veces. Son muchísimas las veces en que me digo ¿PARA QUÉ HAGO ESTO?, en todo sentido de la palabra y contexto. En el trabajo, en la familia, con las niñas, con mis amigos.

Si, porque me dan ganas de salir corriendo y mandar a mucha gente a la punta del cerro. Me han dado mil veces ganas de dejar a las niñas atrás cuando están en plena pataleta o cuando ya no entran en razón. Y venga la mamá perfecta a decirme que es porque “no me impongo”, “por qué no mando” y no se trata de eso. Hay veces que no dormí lo que realmente quería dormir. Hay días en que mi almuerzo es un revoltijo de cosas, muchas veces he almorzado parada, otras tantas de verdad necesitaba un poco de silencio para ordenar mi mente.

Otras tantas es porque me faltan brazos. Fernando trabaja por turnos, y las familias que vivimos por turnos son difíciles. La convivencia así no es siempre la mejor. No es fácil no verse una semana, luego verse otra, que los días libres de él no sean los mismos que los míos, no compatibilizar “agenda” durante una semana, al otra ser una familia relativamente normal.

No, no es fácil.

Y son esos momentos los que me hacen sentir ese impulso de querer salir corriendo y dejar todo, pero todo tirando durante un rato. Salir a tomar aire y no mirar atrás porque me da lata, porque quiero que mi mente deje de pensar algunos minutos del día en que falta en la mochila de la Sofía, si mandé o no los pañales de la Olivia, si la sábana del jardín está o no planchada, si quedó o no ropa en la máquina, si llevo o no almuerzo al trabajo.

Solo quiero eso, dejar de pensar un poco. 

Y si, también quiero huir un par de minutos al día.

Hace un tiempo veía el Omnium en los Juegos Olímpicos de Brasil y me sentí tan pero tan falta de bicicleta. Antes andaba para todas partes, acarreaba a las niñas de aquí para allá. Pero un par de fallas técnicas me dejaron sin bicicleta hasta nuevo aviso. Y ahí está la pobre Joyita, desarmada en el cuarto de la ropa y la Juanita en casa de mi mamá desarmada. Así… dos bicis descuartizadas por, ya ni me recuerdo qué motivo.

Me desmotivé y sentí mal. Ahí me di cuenta de la cantidad de cosas que dejo de hacer por otros. Pero no estoy arrepentida, sino que necesito volver a hacerlas con mis hijas.

Algunas veces solo me gustaría dejar de sentir esa sensación de querer salir corriendo, ya sé que pasará, que mañana será un nuevo día, pero por ahora quiero no huir.

Si te sientes así, con ganas de huir, es NORMAL. Todas las mamás lo vivimos, como todos los seres humanos. También necesitamos tomar una distancia para poder apreciar lo que tenemos e ir mejorando.

Ayer le escribí a una conocida: la maternidad es una herramienta poderosa de transformación, para quienes queremos verla así. No se trata de calificarnos de buenas o malas madres, sino que quienes vemos la maternidad desde un lado pro-positivo, podemos lograr grandes cosas, desde hacer que tus hijos sean unas mejores personas como también de transformarse uno mismo en una mejor versión de uno. De aprender a cuestionarnos nuestro rol de manera diaria para así generar cambios. 

#Maternidad Esos difíciles días cuando conciliar no es fácil

Yo en esos días buenos… porque en los malos ni una foto me saco, jajaja

Nadie nunca dijo que ser mamá es fácil. Pero ser mamá, trabajar e intentar mantener el equilibrio en la cuerda floja tampoco es fácil, y si bien hay días en que todo sale bien, hay algunos que hace repensar todo lo que estás haciendo.

Hace un par de días tuve una de esas crisis en que me hubiese gustado dejar todo tirado, mandar todo al carajo, pega, casa, Transantiago, amigos… todo, literalmente. No es fácil, porque muchísimas veces no descanso, no tengo un tiempo para ver una serie sola, más de alguna vez me cuesta sentarme a almorzar tranquila en la pega (porque como varios, me siento a almorzar frente al computador). Otras tantas cuando llego a casa tengo que preparar once y las niñas están tan cansadas de ir y venir que aguantan un rato en la mesa y luego se quieren dormir.

Y mi tazón de té y mi pan me miran a lo lejos. Y mi estómago me avisa que llevo 3 horas sin comer. Y recuerdo que en el trabajo dejé pega pendiente, que tengo que resolver un tremendo atado, o simplemente que no tengo ropa limpia y planchada para el día siguiente.

Hay días en que me siento como en una batalla: una batalla para levantar y vestir a la Sofía, batalla para poder comer una fruta en ayunas (y que mi cuerpo funcione mejor de lo que normalmente hace), una batalla para que Olivia se vista tranquila, una batalla para salir a la hora de la casa, una batalla para poder coordinar mi trabajo y la hora con el psicólogo o con algún trámite que justo tengo que hacer, una batalla con mis piernas para que se muevan un poco más rápido. Una batalla con mi mente, que está cuestionando todo lo que hago, a pesar de que trato de dejarla apagada.

Y bueno… a todas nos ha pasado

Así pasan estos días, me cuestiono, me doy vueltas una y otra vez en solucionar y en bajar la carga, pero mi mente me obliga a rendir, a pesar de que mi cuerpo no da más.

Estos son los días en que me pregunto por qué estudié lo que estudié, por qué trabajo en lo que trabajo, por qué decidí ser madre, por qué decidí estar en pareja con Feña. Y así me la paso todo el día.

Hasta que logro parar. Me miro al espejo y recuerdo: “está fue la vida que decidí vivir, disfrútala”.

Y como diría el meme… “LUEGO SE ME PASA”.

Y continúo con mi mantra: “Amo ser mamá, amo trabajar, amo estar enamorada de Feña, amo a mi familia, amo las cosas buenas y también las malas, porque esas son las que me hacen aprender”